
Tras dos semanas de nómada, por fin tengo mi caaaaasaaaaa. Recuerdo haber ido a ver E.T. cuando tenía la edad de Drew Barrymore y siempre me dio penita el pobre extraterrestre que quería volver a su casa. En estas dos semanas el no tener casa me ha llegado a desorientar tanto que no sabía ni dónde me despertaba. No deja de ser curioso que eso mismo no me pase cuando me voy de viaje más días por esos mundos de Dios.
Así que por fin tengo mi piso, aunque lleve dos días que todavía me despierto sobresaltada sin saber dónde estoy. Supongo que es cosa de tiempo.
Eso sí, este fin de semana vuelvo a mi verdadera casa, a miiii caaaaasaaaa, a los míos.
Me pregunto si algún día llegará la una a sustituir a la otra. No lo creo. La casa de una es mucho más que un espacio, son todos aquéllos que allí estén.
Home sweet home.