2010/02/24
Alarma inesperada
2010/02/21
Una mañana de espia
Al salir se miró en el espejo. Retocó su barba rala y su pelo muy corto con la máquina y se vistió, informal, discreto. Se tomó un vaso de zumo de piña y un par de tostadas con mantequilla. Se lavó los dientes, se puso el abrigo, la corra, bufanda y guantes y salió del apartamento. Aquel día era como otro cualquiera en Londres, levemente lluvioso, frío, desapacible.
Metió las manos en los bolsillos y sacó el paquete de cigarrillos y el encendedor. Fumó mientras caminaba hacia la estación de metro de Bayswater. Le esperaba otro día observando extraños, analizando reacciones y estar alerta por si tuviera que actuar. Al salir del metro, en plena City no llovía y parecía que quería asomar el sol entre el manto de nubes. Se fumó un último cigarrillo antes de entrar en el edificio. Vació los bolsillos en una bandeja que paso por el escáner y pasó el arco detector de metales.
Saludó a los dos compañeros, recogió sus cosas y subió en el ascensor a la octava planta.
Al llegar a su puesto tenía un post-it sobre la mesa que le indicaba que el jefe quería verlo.
Se sacó el abrigo, bufanda, guantes y gorra y se dirigió al despacho que estaba a unos metros. Llamó a la puerta y esperó a que le dieran permiso de entrar.
Abrió la puerta. Se encontró al jefe sentado tras su mesa. Entró y cerró la puerta.
- Buenos días David, te he hecho llamar porque quiero comunicarte que tienes una nueva misión.
Asintió y esperó a que el jefe continuara.
- Esta vez tendrás que viajar, bajo pseudónimo y coartada.
Escuchó la explicación de su nuevo trabajo, primero algo preocupado por si suponía ponerse actuar en algún momento y después más tranquilo al ver que era un trabajo más de investigación que de campo. Aún así tendría que pasarse a lo largo del día por High Street Kensigton para que le dieran toda la información.Empezó a pensar cómo explicaría su repentina ausencia sin levantar sospechas. Eran gajes del oficio.
2010/02/15
Suave y delicado
Le dieron ganas de volver sobre sus pasos, entrar en casa y acurrucarse bajo el edredón y seguir durmiendo. Aún así, tuvo suficiente voluntad para hundir la nariz en la bufanda y seguir caminando.
Mientras esperaba en el semáforo vio cómo empezaban a caer los primeros copos, suaves, delicados como plumas escapadas de algún almohadón.
Se subió al autobús y miró por la ventana. Pasaba justo por una esquina, esa esquina.
Recordó otra mañana fría en la que empezaba a nevar tímidamente, esa misma esquina y un beso bajo la nieve, suave y delicado, mientras los copos se posaban sobre los labios. Aquella mañana también le apeteció volver a acurrucarse bajo el edredón, aunque tal vez no para dormir.
En el asiento de delante se sentó un chico trajeado. Olía a 212 de Carolina Herrera.
Se apoyó en el cristal de la ventana del autobús, aspiró para embriagarse con el perfume del otro pasajero y sonrió. Las mañanas frías en las que empezaba a nevar se habían quedado marcadas para siempre por aquel beso matutino, en aquella esquina, por aquel perfume.
Empezaba bien el día.
2010/02/14
Saludando a los vecinos y arte salvado
Hay días que apetece contemplar hermosas obras de arte aunque haya demasiada cola para ver a los impresionistas del Orsay que estos días se dejan ver en Madrid.
Entonces paso por frente a las puertas del Prado.
Me apetece saludar a alguna de esas pinturas, como si fueran unos amigos, en realidad vecinos. Hay que ser educada con el vecindario.
Así que entro por la puerta principal. La exposición temporal de pintura holandesa es pequeña aunque vale la pena no perdérsela.
Pero voy a lo que venía, a saludar a mis vecinos.
Me dirijo a las grandes salas del primer piso. Me paseo entre las obras de Ribera, Rubens, Greco, Goya, Tiziano, Velázquez... Me paso a saludar especialmente a mis preferidos, aquéllos que nunca me pierdo cuando paso por allí simplemente porque no puedo perder una oportunidad de contemplarlos. La lista la encabezan las damas de “Las hilanderas” y los caballeros de “La rendición de Breda”. Están de reformas así que mis vecinas meninas no están en su sala habitual. Entonces me fijo en que su nueva situación debe estar casi delante de casa. Parecerá una tontería pero entonces me doy cuenta que si aquellas meninas saltaran del lienzo y miraran por la ventana me verían al otro lado del paseo cada noche. Decido que tendré que ser más educada, mirar por la ventana y darles las buenas noches a partir de ahora.
Me siento afortunada mientras continuo mi paseo por las salas.
Al salir del museo veo una exposición en el paseo. La forman unas cajas de madera, como las que se utilizan para transportar cuadros.
Al acercarme veo que, efectivamente, son cajas de transporte. Se trata de una exposición que recuerda la evacuación del Prado frente a la amenaza de las bombas nacionales de la Guerra Civil y homenajea a los que consiguieron poner a buen recaudo en Suiza gran parte del patrimonio artístico.
Desconocía esa odisea, esa aventura, los bombardeos sobre el Museo del Prado.
Se me pusieron los pelos de punta al pensar que podrían haber desaparecido entre llamas y escombros las obras que acababa de admirar.
Así que decidí que sin duda tenía que pasarlas a visitar más a menudo.
Mientras iba hacia a casa agradecí en silencio a todos aquellos que tanto hicieron para que no “murieran” mis vecinos en el conflicto, que como todos los conflictos, es estúpido y cruel.Dejo un link para quien quiera saber algunos de los nombres de los “héroes del arte”.
2010/02/11
Pros y contras del sueño cambiado
Llevo un par de días intentando que mi límite horario para meterme en la cama no supere las 00:30.
Ayer me discipliné e hice la cena y la comida antes de las 22h. Me prohibí chatear, hablar por teléfono pasadas las 23h, me marqué no planchar más tarde de las 00:30, ni escribir, ni actualizar facebook. El resultado fue que a las 02:00h estaba buscando una canción para un jeguecito que me pasaron por mail. Vaya fracaso.
Hoy fue similar. Me hice la comida y la cena, me duché, me prohibí chatear (aunque actualicé facebook), planché lo que me quedaba, fregué los platos, todo, on-time. Un par de conversaciones estupendas y una de cotilleos enviaron al traste mis intenciones, rematadas por lo que retrase mi hora de ir a dormir por escribir este post.
Pero, ¿cuándo me pondría al día con los amigos, cuándo me enteraría de cotilleos, cuando planchariá,, cuándo escribiría si me fuera a dormir a las 00:00h cual Cenicienta?
Ahora mismo me se me plantean serias dudas si sería mejor o peor, no para mi salud, que tengo claro que agradecería que durmiera más, sino para mi YO, ése que necesita información, contacto, reflexión y planchar ;-)
Conclusión: Son casi las dos de la mañana y no duermo.
2010/02/04
Uno de economía
Creo que eso dice bastante de lo poco o nada que me defino como economista.
Pero hoy tengo ganas de ello. Que nadie se asuste, no estoy en pleno ataque de enajenación mental transitoria, que me lleve a hablar de modelos IS-LM, OA-DA, ni de relaciones espurias, dudo que me acordara de nada, por suerte o por desgracia.
Pero hoy la bolsa española se desploma, mientras las demás europeas simplemente caen.
Como decía un profesor de la facultad (de cuyo nombre querría acordarme pero soy incapaz): “la inversión es la loca de la casa, la más temperamental, es una histérica”.
Se refería a la sensibilidad de la inversión frente a desconfianzas que pueda generar una empresa o una economía en general.
Eso pasó hoy en los parquets españoles.
El BCE anuncia que España, Portugal y Grecia son economías con una desproporción de endeudamiento, que son mucho más arriesgadas que, por ejemplo Alemania y el bono teutón y los inversores “cogen el dinero y corren”, que no está la cosa como para írsela jugando.
Se oye por ahí que las economías periféricas europeas (sí, sí, periféricas, por no decir “bananeras”) están en una situación peor que los vecinos europeos, que se sigue cayendo mientras algunos en cambio empiezan a crecer ya.
¿Pero qué está pasando? ¿Tan “de pandereta” somos?
Pues sí, es triste pero es así, el país que “crecía” o mejor dicho se enriquecía con la cultura del ladrillo y los empleos en sector servicios se está tragando su burbuja de pisos impagables, de sueldos precarios y de cero inversión en I+D.
Y los inversores no se creen los planes de recuperación porque, ¿alguien oyó algo sobre algún plan? El gobierno se sacó una medida al puro estilo keynesiano, de contratar para hacer zanjas y luego rellenarlas de la que Keynes estaría orgulloso y esa medida de salvación a unos bancos que se han arriesgado pasado los límites permisibles, dando crédito e hipotecas hasta con los vales de descuento del supermercado. Esa no creo que la aplaudiera Keynes. Quizás hubiera estado bien pararles los pies antes, antes de que la liaran de semejante manera. Por supuesto, no se puede dejar caer a los bancos pero, tampoco éstos deben dejar ahogarse a las empresas que necesitan liquidez para el día a día. ¿Aquí quién ahoga a quién?
¿Y dónde está el gasto público que tocaba hacer antes que esto pasara en aquello que, en un futuro, da frutos? Eso nadie lo hace, claro, que incrementa el déficit. Porque los gobiernos, sobretodo en el estado español, sólo miran a cuatro años vista. Así que una medida que vaya a dar frutos pasados esos cuatro años no interesa, no fuera a ser que los aplausos se los llevara el nuevo gobierno. Ni se les pasa por la cabeza que esas medidas a quien favorecerían sería al pueblo. ¿El pueblo, y ese quién es?
Es una buena pregunta, de difícil respuesta: es el pueblo del “vuelva usted mañana”, del tapeo, del pincho de media mañana, de las reuniones inútiles, de la tarjeta de El Corte Inglés, de la VISA fraccionada para pagar un viaje, unos zapatos, una Wii, del ostentar aunque llegar a fin de mes sea casi un malabarismo. ¿Y dónde se dejó el pueblo ese ahorro? Ah, que es que no se ahorra, ¡para qué! ¡Ah que de hoy para mañana cierran la empresa y que con los mil euros de paro no se liquida ni la VISA! ¡Ah, que con la indemnización se puede uno comprar un coche!
Pues esa combinación, justo esa, de bancos y grandes empresas en plena burbuja que se va rompiendo poco a poco, un Gobierno que quiere hacer , tarde y bastante mal, sobre todo, en menos de cuatro años, y el pueblo del tapeo y la tarjeta de crédito a tope y de Belén Esteban, pues justo eso, es lo que el BCE no se cree que funcione y aún menos se lo creen los inversores.
Y es que la inversión será la loca de la casa pero lo que no es, sin duda, es tonta.
Ya podemos ir poniéndonos las pilas todos porque esto no se aguanta.
Dejo un artículo linkado, bastante más digno que esta mera opinión:
Por cierto, a alguno oí diciendo que la culpa es de los catalanes. Creo que un día de estos dirán que era un catalán.
2010/02/03
Youtubeando siguiendo las emociones, aunque no sepa cuáles son
2010/01/31
Maridaje de canciones y recuerdos
Repasaba esas canciones y, sin querer, sonreía o mi rostro se ensombrecía, según a dónde me llevaba cada compás. Supongo que precisamente por eso, algunas de esas canciones las evito en esos días en que mis hormonas están guerreras.
A veces esas canciones se han visto almacenadas junto a un episodio concreto de mi vida simplemente porque sonaban en ese momento, en un coche, en un restaurante, en una discoteca.
Otras, porque en su día dieron en el clavo y se quedaron eternamente atadas a una persona, a un lugar, a un acontecimiento.
¿Podría considerar esas canciones como la banda sonora de mi vida?
Ahí van algunas, aunque no diré ni a quién ni a qué van ligadas, algunos lo sabéis.
Somebody (Depeche Mode)
Lady in red (Chris Deburg)
Don’t Cha (Pusycat doys)
Vertigo (U2)
Out of Africa (Original Soundtrack of Out of Africa)
I am yours (Jason Mraz)
Eye in the sky (Noa)
Snow on the Sahara (Anggun)
Angels (Robbie Willliams)
2010/01/29
Primeras citas con "él"
Ponerse a escribir es como empezarse a conocer con alguien, como empezar una relación: los nervios, la falta de palabras adecuadas, los “y si”,hasta la búsqueda de la música adecuada.
Será porque soy una principiante pero con según qué literalmente no puedo escribir, con otras sólo puedo escribir partes relajadas, con otras, algo más movido, desconcertante. Hay música más “escribible”, que permite ponerse a ello sea el tipo de redactado que sea. Me encanta Debussy, Noa, Toshi y las lentas de Lenny, aunque prefiero ir cambiando según la “emoción” a transmitir. Quizás no sea muy profesional, quizás sea de principiante eso de necesitar todos los sentidos puestos en el mismo tipo de emoción para escribir algo.
Con eso ha habido algún momento curioso.
Quizás sea porque son mis primeras citas con el papel en blanco. Quizás un día la rutina haga que con cualquier música me sienta confortable con la hoja en blanco y las palabras salgan con fluidez. Supongo que nuestra relación no está consolida ;-)
Seguiré informando a ver si el papel y yo pasamos a ser relación estable en breve.
Eso sí, estoy descubriendo muchísima música gracias a esa necesidad de emoción global que necesito para estar con “él”.
Me parece curioso que veo al papel como un ente masculino no como femenino. Será porque me parece que tiene esa simplicidad que tanto me cuesta descifrar? Ummm..., curioso.
2010/01/26
Y sis que no riman
Pero, y si te quisiera?
Me gustaría añorarte
Pero, y si me doliera?
Querría que me quisieras
Pero, y si no pudieras?
Me gustaría que me añoraras
Pero, y si te fueras?
Y si te quisiera
Y si te añorara
Y si no me quisieras
Y si te largaras
Cuatro “y si”
Pero en el fondo
Sólo dan uno
Y si llorara...
2010/01/20
Gestación de un sueño
2010/01/04
Repasando el año que acabó y empezando uno nuevo
2009/12/18
Según se mire
Hace tiempo leí que en Israel el servicio era obligatorio pata todos sus ciudadanos, tres años para los hombres y dos para las mujeres, sin excepción.
Desde mi perspectiva, de escaso sentimiento patriótico, pacifista y que cree que “regalarle tiempo” al estado era más que un regalo, un robo, me pareció indignante.
No seré yo quien se ponga de parte de unos u otros, pero lo cierto es que algunas imágenes vistas en los telediarios de niños palestinos lanzando piedras a los tanques israelíes me han estremecido más de una vez y me han hecho simpatizar con esos críos frágiles defendiéndose frente a las masas de hierro.
En su momento pensé en lo terrible que me parecía perder tres años de la vida y, más aún, en un ejército como ese, en un país que, lleva muchos años en conflictos bélicos demasiado largos, en los que hay demasiada sangre derramada que perdonar. Me pareció que fomentar ese militarismo de la población civil era una manera de seguir el conflicto.
Nunca me planteé qué pensaba un israelita del tema. Ni me pasó por la cabeza que la población viera ese servicio militar como parte de la enseñanza y la madurez personal, que se cumpliera con orgullo patriótico y con en convencimiento que aquella era una manera de estar protegido ante cualquier adversidad. De eso me enteré en esa conversación.
Y entonces vi una cicatriz en el brazo de quien me habla. Pregunté y resultó ser una cicatriz debida a una herida de bala y, combinado con ese sentimiento de protección de un pueblo y la naturalidad de semejantes lesiones, me di cuenta que es muy difícil entender cuando no se está en la situación, que los desvalidos no lo son tanto y que los fuertes también tiene debilidades.
Quizás porque, afortunadamente, estos conflictos sólo los veo en lugares en la televisión me sentía lejos de ellos, aquella cicatriz zarandeó mi mundo y me aproximó a una realidad de esas que veo tras la pantalla.
Entonces me pregunté cuántos ciudadanos de a pie había en aquel país que supieran disparar un arma, cuantos médicos, abogadas, arquitectos, peluqueras, economistas, ingenieros tenían algún recuerdo así de su servicio militar y lo explicarían, cual anécdota, como las historias de la mili de nuestros padres antaño. Me aterró que podría ser yo si la situación de mi tierra implicara que todos debiéramos pasar por el ejército y no precisamente para misiones humanitarias.
Quién era la víctima entonces? Quién era el que atacaba? Quién se defendía? Simplemente, todos y nadie.
En ese momento entendí que todo dependía de cómo se mirara.
2009/12/13
Media etiqueta contenida
Otro año más tocaba vestirse "de media etiqueta": vestido de cóctel, zapatos de diez centímetros de tacón, bolso diminuto, maquillaje y peinado elaborado.
De nuevo tocaba estar un rato en un ambiente relajadamente contenido, sintiendo más de una mirada cual puñalada y devolviendo sonrisas de falsa cortesía. No le gustaba.
Mientras se pintaba la máscara para esa noche pensaba en qué pasaría si apareciera en chándal, o con un disfraz de oso de peluche. Entonces se planteó quién era ella. Se preguntó si estaba en todos o en ninguno de aquellos atuendos de sus distintas facetas.
Se puso la mascarilla de pestañas y miró el resultado de su obra en el espejo. Sonrió.
Quizás sí era cada una de aquellas caras que la vida le llevaba a tener. O al menos eso debía intentar: no perder la esencia aun cuando fuera en una velada de media etiqueta contenida.
2009/11/30
Notas sensuales
Hoy esta gata está demasiado cansada para escribir una linea más, de hecho, creo que las palabras sobran. Que ustedes lo disfruten.
2009/11/26
Máscara
Estaba acostumbrado a llevar máscaras, aunque de otro tipo, de ésas que se llevan a cara descubierta durante todo el día, de las que no sólo ocultan el rostro, sino también el alma. No le costaba disfrazarse de trabajador de cuello blanco cada mañana, de persona comedida, de persona impersonal. Ser otro formaba parte de su día a día.
Pero aquello era distinto. Aquella máscara tenía que transportarlo, liberarlo de sus prejuicios y miedos, dejarle libre o, al menos, eso le habían dicho.
Dudaba que, por el mero hecho de ser una persona anónima en un baile de máscaras, su actitud fuera a ser distinta. Así que llegó a la fiesta con su antifaz y su escepticismo. Al principio se sentía como siempre, como en cualquier otro evento. Por un momento sintió la decepción del que ha puesto demasiadas expectativas en humo, pero, a medida que pasaba el rato se iba sintiendo más cómodo, hasta que, de pronto, se dio cuenta que nadie lo conocía, que no conocía a nadie y que a nadie parecía importarle lo que pensaran aquellas personas anónimas.
Y por fin, se sintió libre. Por fin podía ser quien era, por fin podía bailar o no, flirtear o no, ser amable o desagradable, beber o no, reir o no, llorar o no. No había una cámara indiscreta, un qué dirán y, lo más importante, la autocensura que siempre le acompañaba se había quedado en la puerta.
Sonreía y hablaba sin ser nadie y siendo, por una vez, un todo auténtico, tal cuál, sin conservantes ni colorantes.
Pasaron las horas sin que se diera cuenta, entre música, miradas, besos, chistes, bailes y copas.
Y, de pronto, una de las cintas se rompió. La máscara cayó al suelo y se rompió en pedazos, como su libertad. Abrió los ojos como platos, aterrado.Miró a un lado y otro y salió corriendo, dejando con la palabra en la boca a aquéllos con los que conversaba y la incredulidad dibujada en los labios de la chica que lo abrazaba.
Unas calles más allá se paró ahogado. Miró a su alrededor y se dio cuenta de que era un cautivo de su propia vida.
Empezó a llover y las gotas se mezclaron con sus lágrimas de preso en su galera de cristal.
2009/11/11
Añoro
Será por eso que cuando vuelvo quiero verte, debo verte y no hay compromiso que pueda interponerse.
Añoro tenerte un rato frente a mí, junto a mí.
Añoro tu olor, tus caricias en mis pies, tu murmullo. Añoro verte tranquilo, hasta tus días de furia en los que podrías arrasarlo todo.
Añoro tu fuerza y tu calma.
Será por eso que, aunque sea por unos minutos tengo que verte cada vez que vuelvo a estar cerca de ti.
Esta vez sólo pude saludarte, poco más de un breve "hola". Fue suficiente, más o menos.
Me hiciste sonreír y llevarme tu recuerdo y añorarte de nuevo mientras me alejaba en el tren.
Cómo añoro ese mar, ese Mediterráneo.
2009/11/01
Un hogar en una acera
Descubrí aquella calle en uno de tantos paseos por la ciudad, uno de ésos sin rumbo, sin hora y sin tiempo que me llevan a perderme hasta, a veces, tener que echar mano del callejero que siempre me acompaña.
Era una de esas calles céntricas y estrechas,grises, algo oscura, con un edificio abandonado, funcional de los setenta, gris, envuelto en polvo gris, que en otros tiempos debió albergar montones de oficinas repletas de empleados grises.
La que fue la entrada formaba un porche de un metro de profundidad que parecía el lugar perfecto para que un vagabundo se instalara con sus cartones. Y allí estaba.
Pero aquél no era un vagabundo cualquiera.
Además de los cartones a modo de catre , aquél había montado una especie de salón junto a una de las paredes que había cubierto con una tela de saco de la que colgaban adornos e, incluso una flor de plástico.
También había una cocina de cámping gas y unas cacerolas ordenadas.
Aquellos metros de acera no eran un simple lugar donde descansar los huesos sino una casa completa.
Cada vez que pasaba por allí me sentía como una intrusa que se colaba en casa de alguien sin preguntar, sin pedir permiso. Me sentía incómoda, aunque seguía pasando por allí.
Afortunadamente nunca me había encontrado con el inquilino del lugar, así que al menos no era tan violento como si me colara en una intimidad a la nadie me había invitado.
Pero el otro día, al mediodía, me encontré la casa en plena actividad.
Había una silla, una mesa de cámping con un hule de flores, un vaso, dos botellas de cerveza de litro, una servilleta de tela a cuadros y unos cubiertos.
Me sorprendió que hubiera dos pares de cubiertos, de ensalada y de pescado, tan perfectamente dispuestos en aquella mesa en medio de la calle.
Entonces reparé en la lata de sardinas que esperaba abierta en la esquina superior derecha de la mesa.
Me dejó desconcertada la imagen de aquellos cubiertos que mantenían el sibaritismo en alguien que vivía en una acera y comía sardinas.
¿Quién debía ser aquella persona que no podía o no quería comer pescado sin el cubierto adecuado pero dormía entre cartones a la intemperie?
Dí un vistazo rápido por la calle para ver si podía descubrir a aquel inquilino de acera desconocido. Allí estaba en su "cocina" preparando su ensalada.
Era un hombre mayor, tal vez envejecido sin serlo, enjuto, menudo, de pelo cano, ni largo ni corto, barba recortada, cuidada, blanca.
Sus ropas no estaban demasiado nuevas aunque no parecían sucias: un pantalón gris, una camisa de rayas, un jersey, un pañuelo anudado al cuello.
Tenía aire de vagabundo, adquirido a la fuerza, al dormir entre cartones.
La sensación de intrusa me llevó a cambiar de acera antes de que me viera, para no molestar.
Descubrí, entonces, que no había caído que me faltaba una habitación de la casa por ver: el retrete.
El olor a orín,a rancio, a agrio, me llevó a apresurar el paso y a olvidar las preguntas que me hubiera gustado hacerle a aquel hombre.
Aún así, mientras me alejaba, una de ellas se repetía, una y otra vez: ¿quién es ese hombre?
2009/10/22
White-collar
En el centre comercial, en una de las cafeterías había una mesa larga ocupada íntegramente por unos diez o doce white-collar employees.
Permítanme el anglicismo pero me pareció muy propio. Todos igualitos, con el mismo color de traje, el mismo tipo de camisa, de corbata, de peinado. Miré en las otras mesas, el patrón se repetía, con algún toque de color femenino, aunque, dicho sea de paso, hay pocas féminas e proporción trabajando por aquí.
Y es que el estilo de quienes trabajan por aquí tiene ciertos aires americanizados mezclados con un toque algo más clásico.
No había nadie con gafas de pasta, ni con camisa oscura, primaban las corbatas de colores vivos y, aunque no me fijé tanto, dudo que hubiera muchos que no llevaran gemelos.
Entonces me acordé de haber oído eso de los white-collar employees, que por lo que he podido averiguar se empezó a utilizar en los años veinte, para distinguir a los que trabajaban en la administración o en profesiones que no fueran la fábrica o el campo. Se ve que por entonces sólo eran un 10% de la población.
Mientras me tomaba mi café seguía observando. Tras las mesas plagadas de uniformados empleados, se veían los escaparates coloridos, repletos de ropa "casual" de esa reservada para el fin de semana o, si hay suerte, para el casual Friday, como si ir el viernes contejanos implicara no trabajar.
Me pregunté si no valdría la pena poner más ropa de trabajo en esos escaparates para los que, al parecer, visitaban el centro comercial. Luego decidí, que como yo, éstos preferían ver ropa informal y de colores, de esa con la que se es uno mismo, en vez de uniformes de trabajo, por muy white que sean los cuellos.
2009/10/16
Parando los platillos
Es por eso que, a veces, cuando mis pobres platillos se ven zarandeados, cuando van de un lado a otro, necesito clavar los talones en el suelo, plantarme y ordenar tanto alboroto.
Quizás por eso hay quien a veces se quede desconcertado, o se asuste o se sorprenda. Sé que hay quien lo valorará positivamente.
Estos días mis platillos dieron un par de vueltas, ya se sabe, de vez en cuando toca. Aún así, me alegro de haber podido controlarlos y volver a la estabilidad.
Ahí va una canción, que hacía mil que no oía pero que da paz.