2007/01/30

Galipandria 4: Treintona en clase de gimnasia


La combinación de leer un post de un buen amigo que recordaba sus “buenos tiempos” en el baloncesto y una clase de estilo que demostró que no soy sombra de lo que fui, me llevaron el otro día a “evaluar daños”.
Me explico. En otro tiempo, fui flexible y ágil pero en aquella clase me salieron agujetas por agacharme una docena de veces y me di cuenta de lo que había perdido.
De golpe sentí cada uno de mis treinta tacos aguijoneándome las piernas.
Pensareis que soy una inocente por pensar que mi cuerpo respondería como cuando tenía doce años, hacía carreras a cuchillas, daba un salto y hacía el espagat.
La verdad es que sabía que no iba a ser así pero como se suele decir, ni tanto ni tan calvo. Me quedé fatal.
Así que unos días después decidí ponerme a prueba y ver qué había perdido realmente.
Empecé por algo sencillo, algo que supiera que, más o menos, seguía ahí: el equilibrio.
Dado que desde que vuelvo a bailar vuelvo a tener práctica en eso de los giros, me dispuse a ponerme en segunda y dar una vuelta, luego dos, etc, primero a la derecha y luego a la izquierda.
Me saqué las zapatillas, me coloqué y di la primera vuelta a la derecha. Perfecto. Probé a dar dos. Bastante bien. Tres. Pram, pam,pim pam! Me empotré contra el armario.
Lo intenté hacia la izquierda. La primera bien, la segunda peligrosamente parecida a la tercera anterior.
Triste. Tenía que animarme. Lo siguiente a testear fueron los giros de desplazamiento lateral. El resultado fue bastante bueno para ambos lados.
Una vez recuperada la confianza tocaba ver qué tal iba de elasticidad.
Ahí iba yo, cual preadolescente a hacer un espagat sin calentar ni nada, a pelo. Me quedé patéticamente espatarrada a un palmo del suelo con la pierna derecha y con la izquierda ya no es ni confesable.
Tía estás vieja, pensé.
Sólo me consoló ver que si calentaba un poco podría incluso conseguir algo pseudo decente.
Y llegó la prueba final: hacer el puente.
Ese era el ejercicio que mejor me salía en las clases de gimnasia y en mi corta experiencia en la rítmica. Me tenía que salir. No me atreví a probar a hacerlo desde arriba así que me estiré en el suelo (almohada bajo la cabeza por precaución) e hice el puente, o algo parecido.
Aguanté dos segundos si cabe porque me quemaban los brazos, las lumbares, los abdominales. Me desplomé sobre la almohada sabiamente colocada bajo mi cabeza cual saco de patatas. Era una treintona en clase de gimnasia, una que va de niña pilonga haciendo el pino.
Cómo podía entonces hacer aquello una y otra vez, de pie, con una mano, de rodillas? (ahora que escribo veo lo mal que está sonando esta frase, absténganse de comentarios guarros, por favor).
Tía pero que vieja que estás, me dije en voz alta.
Tras semejante fracaso, no me atreví a probar qué tal se me daba nada más.
Qué conclusión he sacado de este test? Que tengo que recuperar algo del equilibrio y la flexibilidad que un día tuve, aunque sólo sea en parte (el cómo ya es otro tema).

Galipandria 3: La morfinómana

También ese domingo me dejé sorprender por los cuadros de Anglada-Camarasa.
Había visto muy poco de su obra y me sorprendió gratamente. Esa época de Art Noveau, de “nuestro” Modernismo siempre me ha fascinado. No por nada uno de mis pintores favoritos es Klimt y su simbolismo.
Pero a falta de Gustav, me encontré con un Anglada-Camarasa con el que compartió premios y algo en el estilo.
Me parecieron especialmente emotivos algunos retratos de personajes de la época, como “La morfinómana”: Rostros demacrados, figuras extremadamente delgadas bajo vestidos de colores vivos, mujeres de mirada lánguida y sexual a la vez, estampados imposibles.
Sé que es una pretensión por mi parte comentar la exposición, más a sabiendas que por este blog se pasa alguna que otra historiadora del arte así que, chicas, os dejo a vosotras los comentarios más técnicos sobre Anglada-Camarasa.
Yo sólo digo que la exposición me gustó, que me transmitió, con sus personajes “naturalmente” adictos, algunos transgresores y algún que otro paisaje costumbrista.
Gata dixit.

Galipandria 2: El Madani o la exposición del no integrismo

Qué mejor que una mañana de domingo soleada y una exposición!
Este fin de semana fui a ver una exposición de fotografía de Hashem el Madani en Caixaforum.
Si bien he de reconocer que de fotografía aún entiendo menos que de arte, me permito la libertad de comentarla brevemente.
Las fotografías, básicamente todas retratos de los años cincuenta, mostraban una imagen muy distinta del Líbano que vemos a día de hoy en las noticias.
Se veía a gente, pueblos, casas que podrían haber sido de cualquier país europeo de la época: ropa occidental, ninguna burka, sonrisas, fiestas, cristianos y musulmanes conviviendo en paz...
Me pareció chocante que medio siglo después, la Suiza de Oriente esté como está, destruida, arrasada, atrasada, radicalizada.
Cómo se llega a esto?
La respuesta me esperaba en una de las paredes de la sala. De ella colgaban varios retratos de hombre vestidos con atuendo militar o paramilitar. Eran unas fotos de los años setenta en que el conflicto libanés estaba abierto.
A pie de foto, un cartel recogía las palabras del fotógrafo “entraban al estudio sin armas”.
Cómo se había pasado de una fiesta en un pueblo, a la violencia en las calles, a las bombas, al terror?
Cuántos países han pasado por esa involución? Afganistán, Irán, Siria, Egipto, etc, todo países que han sido “modernos” y que ahora están de nuevo en el medievo?
No hace mucho, una amiga me explicaba que había estado en Irán y que en las ciudades sí estaban radicalizados pero en los pueblos, ofendidos incluso, le decían, que eran persas, como puntualizando la diferencia.
Pero de quién es la culpa? No habrán influido las intervenciones “pacificadoras” en eso? O los muros para separar comunidades?
Sé que no descubro la sopa de ajo, que todo esto ya se ha dicho pero es que esas fotos me mostraron tanto esa evidencia que parece que se olvida que tenía que plasmarlo de alguna manera. Tengo la sensación a veces que en los medios de comunicación se habla de ciertos países como si siempre hubieran sido integristas y “atrasados”. Esta misma conversación la mantuve el otro día y me sorprendí cuando me enteré que Afganistán fue uno de los primeros países en dar el voto a la mujer. Sorprendente.
Y ahora? Lamentable.

Galipandria 1: El escapista


Ni la gripe consigue doblegar al insomnio. Aunque debo ver la parte positiva: puedo ver reportajes tan interesantes como el de la pasada madrugada que hablaba de Harry Houdini, el rey del escapismo.
Ahora que la magia ha vuelto a estar de moda tras películas como “El ilusionista” o “El prestigio” han recuperado la biografía del gran Houdini.
Desde que de pequeña vi la película de su biografía me he sentido fascinada por él pero sabía lo poco que se veía en el celuloide. Ni siquiera había visto una fotografía de él hasta esta noche.
Me sorprendió su magnetismo. Era un hombre de corta estatura, atlético, de ojos pardos y penetrantes y facciones angulosas. Una de esas personas que irradian energía y elegancia en cada movimiento.
También me sorprendieron sus manías, sus obsesiones e inquietudes, el control casi sobrenatural que tenía de su cuerpo, especialmente frente al dolor.
Supongo que me había quedado en la figura romántica de los trucos, del escapismo y se me pasó por alto qué tipo de persona se metería en un tanque de agua helada, encadenado y cabeza abajo en una época en que no se podía hablar de tecnología sino sólo de mecánica y que el truco corría, en buena medida, a cargo de la seguridad del artista.
Era un hombre con un fuertísimo complejo de Edipo, marcado por un padre extremadamente exigente, un hombre fascinado por la muerte y las mutilaciones y que se imponía disciplina en cualquier ámbito de su vida.
Qué poco explicaban las películas de los años cincuenta!
Gracias a este reportaje desmitifiqué un poco a Houdini, aunque a cambio se humanizó un poco.
También me hizo gracia que en la época se llegó a utilizar el verbo “houdinizar” como sinónimo de escaparse.
No sé si os gusta la magia. A mi sí, especialmente los escapistas. Será debido a los espectáculos de David Copperfield que daban en televisión cuando era niña?
Quién sabe...Animo a quien quiera a googlear un poco y conocer algo más de Houdini.
Mientras, voy a por mi chistera.

2007/01/29

None

Not enough
Or too much,
Not exactly
Or suspiciously perfect
It doesn’t mind
Always the result is the same:
None

So, just forget
before having remembers
Cry
But just a bit
And do not try again
Because always the result is the same:
None

2007/01/26

Trece gritos

Acabo de huir de una bonita tarde de merienda "petulante".
Tras un monográfico sobre qué regalarles a los respectivos para sendos cumpleaños, la pregunta clásica de "Y tú qué?", quiero gritar a los cuatro vientos lo siguiente:
1. No tener pareja no significa buscarla imperiosamente, ni amargarse, ni, necesariamente, ha de ser la opción de vida de todo el mundo.
2. Creer que los demás envidian la vida de uno/a es una presunción.
3. Reclamo el derecho de tener personalidad y no transformarme en un "nosotros".
4. Tener pareja y quedar por separado es posible, no duele.
5. Salir los jueves no es darse a la mala vida.
6. Tener amigos del sexo opuesto no significa que: a) te los/las tires , b) que se sea un/a libertino/a o c) que sean gays
7. Comprarse ropa no es un pecado
8. Tener aficiones distintas a ir al gimnasio en pareja no es un pecado.
9. Viajar puede ser adictivo pero no perjudica la salud, incluso en el caso que no sea un "todo incluido".
10. Se ha de respetar que a alguien no le pueda interesar un tema como por ejemplo, la técnica del planchado de sábanas.
11. La vida sexual de los amigos no se debate en foro con media humanidad, incluidas las parejas.
12. Se pueden compartir cosas con personas que no sean una pareja.
13. Hacer cosas solo no es triste, a veces llena incluso más según de lo que se trate.
Este post va dedicado a dos colectivos: a los que sufrimos el asedio de los "petulantes emparejados" y a los "petulantes emparejados" que deberían plantearse qué pasaría si un día dejaran de serlo y alguien los mortificara con memeces. ante todo, y siempre, RESPETO.

Elegancia

Definición de elegancia:
1. f. Distinción, donaire:comportarse, andar con elegancia.
2. Buen gusto, estilo, mesura:vestir con elegancia.
Me gusta la gente elegante, la que anda erguida pero no altiva, aquéllos que saben llevar con estilo hasta una bolsa de basura, que se mueven con distinción, ágiles, que hacen de cualquier movimiento una demostración de equilibrio.
Eso es innato, genético, no es algo que se aprenda. Quién lo es lo es y punto, sin esfuerzo, sin quererlo quizás.
Mi abuela siempre lo decía: “De porc i de senyor s’hi és de mena”.
Personalmente creo que decir de alguien que es elegante es uno de los mejores piropos con los que alagar a alguien.

2007/01/22

Post tras el fin de semana 3: Lupus, lupi; lupa, lupae

Cuando Hobbes decía aquello de que el hombre es un lobo para el hombre se olvidaba de las lobas. No decía nada de las mujeres embutidas en faldas ajustadas, camisetas de leopardo y pedrerías, que caminan contoneándose y agitando su larga melena teñida, preferiblemente de rubio “ultra”. No hacía mención a ellas, a las cazadoras natas, a las depredadoras de discoteca, de mirada agreste, salvaje que rodean a sus presas y zas! Saltan al cuello.
Porque una loba, nace o se hace? Sinceramente creo que es innato, de lolita a loba adulta.
Mientras las veía llegar como una jauría y desplegar su arte en la pista me planteaba si yo podría ser así. Tras planteármelo desde varios puntos de vista, definitivamente llegué a la conclusión que no podría. No tengo valor para ponerme semejantes modelitos, tan brillantes, tan de leopardo, tan ajustados. Tampoco me veía sobre unos tacones de palmo plateados, ni bajo una capa de pintura similar, ni con semejante melena reteñida. Me siento incapaz de contonearme así (mi cadera no es el colmo de la sensualidad y lo poco que lo es lo frena la timidez) pero, sobretodo, no ve veía entrando en un local y cazando a una presa sin dar opción.
No negaré que les reconozco el mérito y el valor. Si me cuesta sacar a bailar a chicos que conozco, ya no sé lo que me costaría semejante ataque frontal. Eso también se ha de saber hacer. Si ya no me salen las aproximaciones laterales, discretas, simples, ufff, definitivamente incapaz de acosar y derribar a sujetos varios.
Y mientras le daba vueltas a ello, oía comentarios de alguna de las presas potenciales de las lobas. También yo comentaba. Entonces me han dado pena. Porque aquella evidencia tal vez no es tan efectiva, ese esfuerzo en vestuario, peluquería, gimnasio tal vez sea desproporcionado si se compara con el beneficio obtenido.
Aunque eso debería preguntárselo a ellas.
Luego he pensado que quién era yo para juzgarlas y me he regañado a mi misma. Porque nadie cae en garras de loba obligado, porque cada uno puede hacer lo que le venga en gana, vestir como le apetezca.
Supongo que la enemistad entre lobas cazadoras y gatas que ronronean es un reflejo de aquello de “como el perro y el gato”, eso es todo.

Post tras el fin de semana 2: El CD de los grandes viajes y las canciones que siempre serán especiales

De nuevo volvía de un viaje catárquico, de esos con antes y después, de nuevo en un coche potente, con amigos recientes y sintiéndome “nueva” y cargada de energía.
Volvía a sonar ese repicar de baquetas, los golpes metálicos y “Un, dos, tres, catorce!” de camino a casa. La historia, sin ser idéntica tenía puntos en común, los suficientes para que recordara aquel viaje a País Vasco y a mis buenos amigos, a aquellos que gané en aquel viaje entre pinchos, chistes y kilómetros. Me volví a sentir yo, sin más, sin mochilas, con la suficiente fuerza para comerme el mundo, ponermelo por montera y seguir para delante. Ese Cd de U2 tiene algo, no sé qué, que consigue sacar todo de mí.
Pero tal vez porque han sido menos días de desconexión, o menos anécdotas o la situación de ahora es algo más complicada que entonces, esa energía ha ido atenuándose hasta llegar a un nivel bastante más bajo que aquella otra vez. Eso, o que Bono ha perdido su poder.
Es llegar a casa y los problemas están allí, en el recibidor saludando -Hola!- con la mano. Es ver, a través de la cristalera de un local, el edificio de oficinas en el que trabajo y acordarme de la conversación pendiente con el jefe, de los malos rollos y los problemas.
Será por eso, seguro, que mi fuerza se ha diluido en pocas horas, que sólo ha dejado un poso, unas gotas de energía.
Mientras me ponía el pijama y escuchaba la radio ha sonado una de esas otras canciones con sentido. Esta vez era una canción de Angun, “Snow on the Sahara”.
Es de ésas que suenan en el momento menos oportuno, de ésas que transportan a momentos buenos, otros que no tantos, a viejas heridas “no de guerra”. Supongo que la fragilidad actual ha ayudado a que me pillara a contrapié y que heridas ya tan viejas volvieran a doler por el “mal tiempo”, en definitiva. Es en esos momentos en que me aterra acumular nuevas heridas, nuevas canciones, en que el mundo por montera que me daba “Vértigo” desaparece como un espejismo del Sahara.
Ahora suena “El tiempo pasará” esa versión en castellano del clásico que tocaba Sam en Casablanca. Me parece una buena manera de acabar este post.

Post tras el fin de semana 1: Adicciones

Este fin de semana me he dado cuenta que cuando algo me apasiona puedo llegar a la adicción. Así dicho, parece malo, pero que nadie se asuste, sigo siendo la “buena nena” de siempre (cuando he querido ser mala tampoco me ha salido así que...).
Mis adicciones no perjudican a la salud, no hacen daño a nadie, no arruinan.
Y qué he hecho este fin de semana para reconocerme como adicta? Ahí va:
He estado en un stage salsero, ya lo he dicho. Hasta ahí, bueno, una actividad más. Pero tras un sábado de tres horas de talleres, otras tantas horas de baile por la noche, más talleres el domingo por la mañana, esta misma tarde-noche de domingo también he ido a bailar. No es que me sobraran fuerzas, de hecho estaba agotada, tenía las piernas doloridas de las agujetas y me encontraba fatal pero nada ha podido detenerme.
Ahora, en casa, mientras escribo en vez de dormir, estoy escuchando un CD que otro adicto al baile, un amigo al que le encanta darme vueltas cual peonza humana, me ha pasado. Y me es imposible oír la versión de Cold Play en base salsera sin que se me vayan los pies.
Sé que lo mío con en baile es más que una adicción, sé que es una pasión que he sentido desde que tengo uso de razón, pero también me conozco y sé que irá a más, llegará a un límite y luego bajará, aunque siempre tendrá esa parte inmensa reservada en mi corazón.
Es como cuando iba a entrenar casi cada día y me pasaba los fines de semana de competición en competición. Aún recuerdo las lágrimas el día en que me llevaba las cosas de la sala de armas y cada vez que me paso a ver a mis antiguos colegas de asalto, algo se remueve en el estómago. También tengo claro que no volvería a dejar algo que me llena por alguien, porque los “alguien” tarde o temprano decepcionan y desaparecen y mientras, has dejado aquello que te llenaba realmente.
Pero no sólo he pecado de “bailonga”. También he caído en el vicio del chocolate.
Después de tomarme una coca-cola light, para vigilar esa barriguilla (con el choteo de un coleguita, incluido), al llegar a casa, he abierto la nevera y me ha mirado un trozo de pastel de chocolate del Xocoa y me miraba con tanta pena que he sido débil y me lo he acabado (suerte que el coleguita sé positivamente que no leerá este post).
Simplemente no he podido parar y no me he dado cuenta y ya no estaba.
Y eso es todo, no se esperen ustedes más confesiones , más adicciones en un fin de semana, ya decía que sigo siendo la “buena nena” de siempre y que ni queriendo me sale ser “no tan buena”. Ah, se me olvidaba mi “manía” de escribir, ups! Espero que esa no sea perjudicial para los pobres incondicionales que leen de vez en cuando a esta gata.

2007/01/16

Viajero ante un mar de niebla


Hace un día gris. La bruma sólo deja entrever el mar y la silueta borrosa de un velero frente a la costa. Las nubes bajas le dan al ambiente toda la melancolía de lunes que se merece. Un lunes más lunes que nunca.
Me siento en un cuadro de Friedrich, como el “Viajero frente a un mar de niebla”, con la mirada perdida en un mar desfigurado, un mar que podría ser un futuro o un presente incierto, o la adversidad de las olas.
Casi se puede cortar la humedad del ambiente, o el mal rollo, que vendría a ser lo mismo y el viajero, en el precipicio, sólo frente aquello, podría ser yo misma desde la sexta planta de un edificio de oficinas, con la vista más allá del cristal.
Pero qué hay del velero? En el cuadro no hay ninguno. Supongo que ése es el toque personal. Ese barco zarandeado por las olas no es fruto de la imaginación de un pintor romántico. Podría ser un símbolo de esperanza, de estoicismo o podría no ser nada más que un barco que ha salido a navegar con mala mar.

2007/01/13

De qué te conozco?

Tengo una tendencia natural a encontrarme a gente. En el sitio más inesperado, zas, me encuentro con quien menos me pensaría, a veces con quien menos me apetecería. Creo que ya lo había comentado en otro post anterior.
Eso me pasó ayer. Estaba de marcha salsera por ahí y me encontre a compis de trabajo. Genial, estupendo. Casi nunca me pongo falda corta para salir porque me veo demasiado y no llevo bolsillos pero ayer me dió por ahí y venga. Casi nunca me pongo medias de cuadros pero esta semana asquerosa se merecía acabarla a cuadros. casi nunca voy al Antilla porque hay mucha gente, especialmente chicas y bailo poco. pero todo eso se juntó y me encuentro con una despedida de soltera de chicas del trabajo, como apunte, con mis administrativas y otras, el apunte es importante. y allí estaba yo, con dos chicos 8amigos, a ver que se van ustedes a pensar), mojito en mano, minifaldera y salsera. adiós credibilidad.
Se quedaron tan descolocadas como yo. De hecho me costó saber de qué las conocía hasta que, por fín caí en la cuenta que las veo cada día.
Eso también me pasa: conozco a alguien en un ámbito y si me lo encuentro en otra parte, me cuesta reconocer a esa persona y saber de qué la conozco. Supongo que desconecto tanto de un mundo u otro que me cuesta relacionarlos.
Recuerdo especialmente cuando me encontré a uno de los machotes de la sala de armas en una discoteca de ambiente, del brazo de un mulato. Ese creo que ha sido el caso más extremo. Cambia mucho a ver a untío espada en mano enfundado en el traje y la careta a verlo del brazo de un chato con camiseta de tirantes.
En relación a esto, he estado pensando en que , las cosas como son, he llegado a tener amigos y amigas a los que sólo veo de día, o de noche y en determinadas actividades: gente del trabajo, compañeros de clases varias, amigas y amigos de juergas, ...Pocos hay que traspasen esa franja o esa actividad en concreto. Esos claro, son los íntimos.
Y para cada uno soy una "gata" distinta, claro, es lo que tiene disponer de información sesgada. La estresada del trabajo, la exigente de esgrima, la jetilla de la clase de salsa, la calmada de las juergueras, la killer del taller de relatos.

2007/01/10

Me acuerdo de ellos



Creo que no hace falta que diga más. Sólo que hoy, ahora, a las dos de la mañana, los añoro.

Breve capricho para empezar el año

Tocaban las siete y media de la mañana cuando entró por la puerta, con las botas en la mano y los pies doloridos. Se sacó la ropa impregnada en humo y se puso el pijama antes de meterse en la cama. Pero no podía dormir, aunque eso no era ninguna novedad.
Se levantó, caminó descalza hasta el sofá y se sentó a contemplar el amanecer.
El silencio de la noche, se fue rompiendo gradualmente con el cantar de los pájaros que ya se desperezaban en el parque de enfrente.
Despuntaba el sol, poco a poco, el cielo pasaba de negro a añil, luego algunas nubes se tiñeron de magenta y naranja hasta que, por fin vio brillar el primer rallo tras la torre que se había convertido en un nuevo símbolo del perfil de la ciudad.
Sin darse cuenta, sonreía. Repasaba la noche anterior y se le escapaba una leve risa al recordar uno u otro momento.
Era una buena manera de acabar una noche, de empezar el año. Por un momento pensó que había mejores maneras pero dejó el inconformismo a un lado y disfrutó de aquel momento único que sólo era para ella, una de esas pequeñas cosas que le habían enseñado a valorar en tierras lejanas y que le arrancaban una sonrisa y le hacían sentir que estaba viva, que era afortunada por poderlo contemplar.
Se durmió acurrucada en el sofá, con la expresión relajada y un dibujo de sonrisa en los labios.

2007/01/08

Post traído por los Reyes 3: Historia post-navideña

Era una de esas tardes tristes de invierno, fría y nublada en que la humedad mediterránea calaba hasta los huesos. Pero era lunes así que no había excusa que valiera para quedarse en casa.
Se puso los zapatos, el abrigo marrón y el bolso cruzado. Siguió su particular ritual de comprobación de luces y gas apagados que desde hacía años, realizaba antes de salir de casa. Todo estaba correcto. Cogió el bastón y se puso la tarjeta del autobús en el bolsillo.
El 43 llegó al poco y, tras un trayecto de escasos minutos, se encontró junto a la puerta de la parroquia de San Nicolás.
Se trataba de una iglesia pequeña de construcción sencilla de finales del siglo XIX que las hermanas conservaban con el dinero recaudado entre los cada vez mas escasos parroquianos.
Empujó la puerta de madera que daba acceso y se mojó los dedos en agua bendita. Se santiguó.
Se dirigió al fondo de la iglesia y se sentó en el primer banco frente a la imagen de San Nicolás.
Llevaba rezándole años, siempre los lunes, aunque de joven lo hiciera de rodillas y ahora la artrosis sólo le permitiera decir sus oraciones sentada.
Le rezaba un Ave María y dos Padre Nuestro. Después le agradecía lo que le daba y finalmente pedía.
Sus peticiones habían cambiado con los años: un trabajo para su marido, salud para ella y sus hijos, incluso una chica que enderezara al alocado de su hijo.
Tarde o temprano todo aquello que pedía se le había concedido.
Pero desde hacía años, desde que enviudó, desde que su salud ya no era buena, desde que tenía lo suficiente para vivir, aunque fuera de forma algo austera, sólo le pedía una cosa a “su santo”: Le pedía que su nieto estuvieran bien y que, aquellas Navidades viniera a verla.
Aquel lunes de primeros de enero volvió a pedirlo. Sabía que faltaba casi un año para Navidad y esperaba que, esta vez sí, pudiera ”escaparse unos días” e ir a Barcelona.
Pero aquella tarde fría pidió sin ganas. Llevaba demasiado tiempo esperando que pudieran cruzar el Atlántico para verla. Cuando no fue porque eran muy pequeños, fue porque tenían que estudiar, o porque tenía planes con su nueva novia.
Pocos días antes de aquellas últimas fiestas la llamó y le dijo que aquel año tampoco iría a verla.
Y por qué no vienes tu abuela? – le había preguntado, aún a sabiendas que ella jamás había volado en avión, ni siquiera antes de sufrir aquel infarto que casi la mata.
Ya sabes que no puedo. – contestó aún estando convencida que aquella pregunta era un puro formalismo.
Mientras pedía que el año que viene viniera a verla, las lágrimas emborronaban aún más sus ojos nublados por las cataratas.
Finalmente, se levantó con dificultad, saco una moneda del bolsillo y encendió una vela antes de irse.
Ya en la puerta, se cruzó con una monja que debía llevar allí casi tanto tiempo como las imágenes.
Señora Sorribes, cómo está? Tampoco vino este año? –le preguntó al verla con los ojos llorosos.
Sólo pudo negar con la cabeza como respuesta.
Hay que pedir con devoción. Ya verá como el año que viene sí.
Pero ambas sabían que no era cierto, que había perdido a su nieto, a su hijo y a la chica que lo enderezó el día en que se fueron a vivir a Estados Unidos.
Salió a la calle y caminó hasta la parada del autobús.
El autobús estaba a punto de llegar y cruzó sin esperar a que pusiera en verde el semáforo. Perdida como estaba en sus pensamientos, no vio a la furgoneta que giraba.
Sólo noto un fuerte golpe, las rascadas del asfalto que la quemaban y se quedó inconsciente. Se despertó en la camilla del ambulancia.
Tal vez venga a verme ahora, aunque tal vez yo ya no lo vea. – pensó.
Su corazón dejó de latir. Nunca supo que su nieto jamás se perdonó no haberla ido a ver aquellas fiestas. O tal vez lo supo allá desde alguna parte, muy cerca de San Nicolás.

Post traído por los Reyes 2: la tercera vuelta

No voy a volver a decir que me gusta bailar ni me voy a poner plasta explicando esto o lo otro de un baile (creo que mi blog ya de por sí de público reducido perdería a los pocos habituales si siguiera con ello).
Pero ayer conseguí hacer algo que pensaba que no haría nunca o, al menos, en mucho tiempo. Dar tres vueltas seguidas en tres tiempos de los siete de la salsa.
Pues sí, pues vaya chorrada no? Pues esa chorrada me hizo feliz. Fue un logro. Sé que parecerá una tontería, a mí misma me lo parece ahora que lo veo escrito, pero al menos era algo que me importaba y lo conseguía. Tal vez sea porque mis retos últimamente son sólo profesionales y la motivación la perdí hace demasiado como para que me importe lo que hago, lo cierto es que aquella vuelta triple me alegró más que cualquier implantación de sistema, cualquier negociación o cualquier resolución de nada.
Definitivamente tengo que tomarme en serio lo de escribir esa novela que se resiste y cambiar de trabajo.

Post traído por los Reyes 1: Fsissfffssssssssshhhhh!

Fsissfffssssssssshhhhh! Ya casi estamos, no te muevas –me decía el dentista- a ritmo de broca. Y yo pensaba, cómo me voy a mover si estoy en el sillón inclinado un poco más de 180 grados, tengo media cara paralizada, un aspirador, dos algodones, la broca y un par de dedos del dentista en la boca.
Sólo podía estrujar con una mano una servilleta o mover los pies pero no era momento de marcarse un zapateado, tacatá, tacatá.
Fsissfffssssssssshhhhh!
Finalmente acabó de hurgar en la pieza 27, me hizo el empaste y me dejó que me enjuagara y me babeara por culpa de la lengua de trapo.
Que sensación tan desagradable la de beber algo y que se caiga por la comisura de la boca.
el efecto de la anestesia te durará un par de horas.
Estupendo, tenía que hacer mil cosas y en cada tienda pensarían que tengo alguna dificultad en el habla.
Pero lo mejor estaba por llegar: la cuchillada de la factura.
Así que salí de allí algo más pobre si cabe, con la cara dormida, babeante, sin poder masticar y sabiendo que tenía que volver allí en breve para seguir con el tratamiento.
Eso sí, la pieza 27 relucía con su empaste de amalgama.

2007/01/06

un paso vale más que mil palabras

El día que vi la película de Billy Elliot lloré. Recuerdo que me sentía tan identificada con aquel niño que notaba un nudo en el estómago. Hay una escena en la que le preguntan qué siente cuando baila y explica que es entonces cuando se siente vivo que me resultó dura. en otras películas como Flashdance también hay escenas similares. La última película en que he visto esa descripción es Happy Feet. Esta película, no tan de niños como se supone, también tiene a un personaje bailongo de protagonista, a un pingüino que se expresa bailando.
ya en su día, hace casi un año, escribí algo al respecto en "De por qué me gusta bailar".
Si pienso en cuál es la manera en que me expreso mejor, sin duda es bailando. Puedo perderme entre notas de tango o bolero o deslizarme al son de un It's too late si me siento melancólica, o bailar disco o cha cha cha si estoy de buen humor. Entonces de nuevo viva, me siento yo, lejos de imágenes, de estereotipos, de corazas. Soy así, tal cual. Pero lo que es, lo que debe ser acaba cuando para la música, cuando mis pies se quedan quietos y el silencio suena a monotonía, a tristeza, la de cada día, la que debe ser, supongo.
Qué identificada me sentí con aquel pingüino que se expresaba a través de sus pies bailones.
Un paso también puede valer más que mil palabras

2007/01/05

La dosis de

Hoy me apetece una dosis de romanticismo, de caballeros que le ponen narices y que conquistan a doncellas, de historias que empiezan y acaban bien, con música de fondo y un baile chick to chick como Fred y Ginger.
Hoy no me apetecen "si pero no" , desapariciones a lo Hudini, ni interpretaciones, ni tener que hacer el número de la cabra y ni por esas, aunque eso me transforme en una mujer difícil e inaccesible.
Hoy me apetece una peli romanticona porque, claro, eso sólo pasa en las películas.
A ver si los Reyes, cuando se pasen por mi balcón, me dejan alguna de las cosas que ponía en la lista.
así que hoy a dormir pronto que sino los Reyes no os traerán nada más que carbón. Espero que mi insomnio me deje irme a dormir más pronto de lo habitual.

2007/01/04

Memez transitoria

Seguro que os ha pasado alguna vez.
Quedas con alguien que te gusta, vas a cenar o a donde sea pero tu ingenio, tu gracia, el cerebro, en definitiva, se queda en casa.
Las frases que más veces salen por tu boca son monosilábicas u onomatopéyicas, las otras están plagadas de muletillas y tics y las palabras restantes parecen de un alumno de bachillerato como mucho, por no decir nada del grado de profundidad de las reflexiones realizadas. Y dónde están esos comentarios agudos, las respuestas ingeniosas, los guiños? En casa, esperándote.
Porque llegas a casa con la convicción que se te han muerto la mayoría de las neuronas y zas! De golpe, de nuevo, vuelves a tener cerebro. Se te empiezan a ocurrir bromas, reproduces en tu cabeza la conversación, silencios no llenados incluidos y , esta vez sí, se te ocurren réplicas estupendas.
Pero qué putada, piensas, por qué antes parecía que hubiera llegado tarde al reparto de cerebros?
En esos momentos, dan ganas de llamar a la otra parte e irle apuntando aquello que se nos había olvidado algo así como “oye mira, que antes no sé qué me pasaba, que cuando decía chuli quería decir...y cuando me he quedado sin habla en realidad quería explicarte que...”.
Sería peor el remedio que la enfermedad, está claro, pues entonces no sólo pensaría de uno que es memo sino que además se sufre una enfermedad mental.
Es cierto que, en muchas de esas ocasiones, el otro está igual de nervioso, los silencios no llenados son cosa de dos, etc, etc, pero no me vale, odio esa sensación de memez transitoria.

2007/01/03

Toda una vida

El pasado día 29 mis padres cumplieron 45 años de casados, toda una vida. Sólo por el récord se les tiene que felicitar. Han pasado por buenos y malos momentos, porque en tanto tiempo da para mucho. Cuando felicité a mi madre, que no es precisamente sentimentalona, me dijo "ha valido la pena por vosotros y los peques". Se refería a nosotros sus hijos, y a mis sobrinos. Será por las dichosas fiestas, por la situación familiar que tenemos últimamente, porque no es un comentario propio de ella, o por todo un poco, lo cierto es que noté un nudo en el estómago. Me costó contener las lágrimas. Sé que a ella también.
Sé que mis padres nunca verán este post pero me da igual. Quiero felicitarles en la red mientras suena "An eternal flame" una de esas canciones que han significado mucho en mi vida, aunque ahora no toca.
Felicidades papis.

2006/12/28

Dos de dos: Post largo (No sé qué título ponerle)

Sonó el timbre del portero automático. Descolgó el interfono y pulsó el botón sin decir nada. Dejó la puerta abierta y fue hacia el salón.
El ascensor se paró en su planta. Él entró, dejó el maletín en el suelo, se sacó el abrigo y lo colgó en el perchero.
Avanzó por el pasillo hasta la puerta del salón-comedor y la vio, sentada en uno de los apoyabrazos del sofá, luciendo un minúsculo camisón de raso lila y mirada de colegiala. Cruzó las piernas dejando ver claramente que no llevaba nada más encima y sonrió ya no tan inocentemente. Él clavó los ojos en su entrepierna y se sacó la americana. Ella se dirigió hacia él descalza por el parquet y lo beso ansiosa.
-Por qué has tardado tanto? –preguntó mientras le sacaba la corbata
-Me han entretenido- dijo él desabrochándose el pantalón.
Ella siguió con la camisa, y dejó al descubierto una camiseta interior blanca.
-Uy qué camiseta más mona. Y le acarició el miembro, que estaba más que endurecido, mientras reía.
Eso fue provocación suficiente para él.
La agarró de los brazos, la giró y se apretó contra su espalda mientras la abrazaba con fuerza por la cintura.
Los pantalones cayeron hasta sus tobillos.
Ella se agachó hacia delante, abrió las piernas, se agarró al asiento de una de las sillas , se giró y le dedicó una sonrisa de pura lujuria.
La penetró con fuerza, con urgencia. Ambos jadeaban.
A aquel polvo desesperado lo siguieron dos más en el dormitorio, con ternura, preliminares sin prisas ni camiseta interior.
Al poco él se incorporó en la cama y se empezó a vestir.
Ella le pasó la mano por la espalda arqueada.
-Tengo que irme- dijo, y la besó.
-Lo sé.-contestó ella mientras se giraba para no verlo marchar.
Unos minutos después se oyó como se cerraba la puerta tras él. Ella se tapó aún más con las sábanas. Entre los pliegues de las mismas estaba la camiseta interior.
La cogió , se la acercó a la nariz e inspiró con fuerza.
Olía a vainilla, a aftershave, a jabón. Olía a él.
Se acurrucó en la cama con la camiseta entre las manos, pegada a la cara.
Se durmió.
Al día siguiente se despertó más fresca que nunca, con la sensación de haber descansado. Estaba radiante. Desayunó, se arregló y se preparó la fiambrera de la comida, que metió en una bolsa de cartón junto con la camiseta que había dormido con ella aquella noche y que la acompañaría a trabajar.
Llegó la primera. Entró en el despacho y dejó la correspondencia sobre la mesa y unos billetes de avión en el primer cajón.
Empezaron a desfilar el resto de compañeros.
El jefe llegó puntual.
-Buenos días.
-Buenos días –respondió ella mientras se levantaba y lo seguía hasta la puerta del despacho.
-Le he dejado los billetes para mañana en el primer cajón. -dijo desde el quicio de la puerta.
-Estupendo gracias.
Y abrió el cajón. Allí estaban los billetes sobre la camiseta, su camiseta perfectamente doblada, la misma que ni se había dado cuenta que había olvidado entre las sábanas..
Ella seguía de pie en el quicio de la puerta.
La miró, dejó escapar una leve sonrisa y se concentró en la correspondencia perfectamente dispuesta sobre su mesa.

Un de dos: La máquina expendedora de cebo

Hace unos meses me trasladaron. En el camino del metro al edificio hay una tienda de útiles de pesca. La había visto pero no le había prestado demasiada atención a los artículos expuestos en el escaparate. No soy precisamente una seguidora de “Jara y sedal”. Pero no hace mucho le presté atención. Me sorprendió que hubiera una máquina de venta automática en la puerta de la tienda. No me fijé en qué tipo de productos vendía. Di por supuesto que sería una máquina de venta de refrescos, o de agua o de bocadillos. Pero esta mañana se me ha ocurrido mirarla con detenimiento. Se trata de una máquina expendedora de cebo. Jamás había visto ese artículo en ese tipo de máquinas.
Lo cierto es que la venta automática está pensada para productos de elevada rotación, de uso u consumo para un espectro amplio de mercado, de demanda elevada, en establecimientos multitudinarios, faciliten la venta, para productos de emergencia -condones, compresas-, etc.
Tras esta breve reflexión me he planteado quién consume cebo, a quién le puede urgir conseguir cebo, si es tan grande la demanda como para saturar al dependiente de la tienda, si hay mucha gente que compre, si es de elevada rotación o perdurable en el tiempo y si es rentable tener semejante máquina. Como , a excepción de la última pregunta, de la que tengo dudas, no hay ni una sola que justifique la presencia de dicha máquina, a quién se le debió ocurrir ponerla? Qué lo motivó?
Luego han venido las divagaciones, la imaginación al poder: Qué pasaría si la ponemos junto a una máquina de tabaco o de chucherías?
Tal vez le haga una foto y la cuelgue un día de estos.

2006/12/26

Cuatro post para entretener

Lo que da de sí una noche de insomnio inspirado...Os dejo cuatro posts y dejo en el tintero otros cuantos para no saturar. Espero que guste alguno. Unos dan más para la polémica que otros.
Pues eso, ya queda menos para acabar este año. A ver si el 2007 mejora.

Post 4: Las pingüinas

Sorprendentemente dan un reportaje en horario de máxima audiencia y sin anuncios. Eso sí, en Nochebuena y compitiendo con Raphael y “el camino que lleva a Belén, ropopopóm, ropopopom” y en TV3. Casi suelto una lagrimilla. Es el reportaje de La ruta del emperador, que ganó un Oscar. Sigue la ruta migratoria de los pingüinos emperador y explica sus costumbres y aventuras y desventuras. Entre plato y plato, brindis y turrón lo he visto a trozos. Uno de los fragmentos me ha sorprendido. Resulta que los pingüinos son monógamos. A diferencia de otras especies, son las hembras las que se disputan a los machos a golpetazo de aleta limpio. Una vez se ha aparejado las demás muy honradas lo consideran fuera de mercado y se pelean por otro. Y de golpe lo he visto claro: estamos ante la pingüinización del mundo. Porque el esfuerzo galante masculino tiende a 0 y parece ser que nos “toca” a nosotras lo de cortejar. Claro que las pingüinas no tienen la mala leche que gastamos las féminas humanas y hay mucha churri que el código de “macho pillado, macho que no se toca” se lo pasa por el forro. Es que ya me veo, vestida de pigüina en una fiesta singles. En vez de luchas de barro, luchas a aletazo limpio y el premio, cuál cesta, un pingüino.
Lo divertido es que los machos pingus iban muy tiesos y se hacían de rogar por la pobre ganadora, cual doncella medieval tras el torneo de turno. Por más que veía más me identificaba con las pobres. Me he quedado con las ganas de ver cómo acababa el tema (el momento brindis y regalos me ha superado). Deben regalarles arenques a los pingüinos en vez de flores? Les deben cantar una serenata a la luz de la aurora boreal? Me hubiera gustado saber cómo acababa para saber qué nos depara el futuro pingüinizado.
De momento empiezo a notar en mi entorno ciertos cambios: en los locales de salsa ya no sacan sólo los chicos, hay locales en los que se ha instaurado que seamos nosotras las que vayamos a sacar a los “machotes”. Pero eso es harina de otro post.

Post 3: Mitos

Tras una copa con un amigo, llegué a casa con los ojos como platos. Me sentía incapaz de dormir así que me puse la televisión. Daban “La noche temática” y hablaban de tres mitos de cine Marilyn Monroe, Audrey Hepburn y Sofía Loren. Explicaban un poco la historia de cada una de ellas, de esas magníficas actrices, bellísimas e inimitables, mujeres imperfectas quizás pero con una personalidad y una presencia que hecho en falta en las actrices de un tiempo a esta parte. No será porque no ha habido imitaciones de todas ellas, lo cierto es que es imposible llegarles a la suela del zapato. Eran ellas, y eran así y punto.
El golpecito juguetón al micrófono de Marilyn antes de cantarle aquel Happy Birthday a Kennedy, Audrey con gafas de sol enfundada en el Givenchi negro delante de Tiffany’s o Sofía cantando el “Americano” frente a Gable no pueden reemplazarse. Es como poner un anillo de diamantes y una imitación de plástico: brillará, sí, pero no será nunca lo mismo.
La verdad es que era tan bueno el reportaje que no me dormí y tuve que pasar al plan B pero ese es otro post. Qué lástima que den esos reportajes a altas horas de la madrugada y no en prime time de la parrilla televisiva. No me importaría nada que el Gran Hermano lo dieran a las quinientas. No es un programa 24 horas? No dan las imágenes bajo el edredón? Pues que las den en directo a las tantas de la mañana, en plan primicia y nos dejen a los demás los programas interesantes como éstos de mitos de cine o los de los reportajes de la segunda guerra mundial que también los dan a las mil.

Post 2: La tortura de la planta de Navidad

El otro día quise darme un chute de buen rollo navideño aunque fuera a golpe de visa. Fui a la floristería, me planté frente a las plantas de Navidad (creo que se llaman ponsetias o algo así, siento ser tan ignorante) y escogí una grande que iba adornada con papel pinocho naranja y un lazo blanco. Mientras la dependienta pasaba la tarjeta por el datáfono, le pregunté cómo cuidarla para que no se muriera porque siempre se acaban muriendo. Me lo explicó pero me dijo que, si vivía sería toda verde y no con las flores rojas. Ingenua de mí le pregunte si es que eran teñidas “Noooo, es un tratamiento que se les hace para que salgan las flores rojas. Se las tiene a oscuras durante unos meses para que las flores, cuando salgan, sean rojas”. En ese momento salió el papelito de conformidad de pago. Lo firmé, le deseé buenas fiestas a la dependienta y salí por la puerta con mi planta en brazos. Mientras iba hacia casa pensé en las pobres plantas de Navidad y me entró una pena horrorosa. Así que las tenían sin luz, a las pobres plantas, que necesitan la luz para vivir, sólo para que salgan las flores rojas y haga bonito. Cómo no se iban a morir luego, las pobres, si las torturan así. Pensé en los perros a los que les cortan la cola o las orejas para que queden más monos o más acordes con el modelo de perro de esa raza, en las mujeres chinas con los pies destrozados o las mujeres jirafa.
Así que cuando llegué a casa tampoco me embriagaba el espíritu navideño. Ahora cada día que veo la planta de bellísimas flores rojas me acuerdo que es una pobre torturada.
Este año ni a golpe de visa consigo sentirme jou, jou, jou.

Post 1: Anoche cuando dormía soñé...patiné, patiné

Entre tanto mal rollo navideño se ha colado más de un sueño significativo que “fa pensar”. El de esta noche no ha sido de ésos. Como llevo varios posts autocompasivos me ha parecido que un poquito de alegría y buen rollo valía la pena (me da la impresión que ya cansa tanto buá, buá y, como siga así perderé lectores de post y no es plan, todo sea por la audiencia bloggera).
Esta noche pasada soñé que iba a patinar a la pista de hielo Skating de nuevo. Me acordaba bastante para haber pasado casi veinte años desde la última vez que me calcé unos patines. Notaba ese olor a hielo, el frío, oía el ruido de las cuchillas sobre el hielo, zas, zas. Sonaban canciones variadas, había gente que sabía y otros que nos aguantábamos con más o menos soltura. No recuerdo con quién iba pero me lo estaba pasando bien y sonreía.
Me he despertado con esa sonrisa. Mientras me desperezaba recordaba cuando iba casi cada sábado. Debía tener once o doce años. Quedábamos unas cuantas niñas del colegio en la puerta de la pista. Era la época en que uno de los niños pre-adolescentes que hacía hockey de Maristas se dedicaba a hacer el machito y nosotras reíamos como memas. . Nos pasábamos la mañana patinando y riendo, apurando hasta el último minuto. Luego tocaba correr para llegar a casa antes de las dos y media para comer. Tras el verano dejamos de ir a patinar. Las hormonas de la mayoría decidieron que aquello era de niñas pequeñas y no volvimos a ir. Desde entonces, no he vuelto a ponerme unos patines. Tampoco mantengo contacto con mis antiguas compañeras patinadoras.
Supongo que el subconsciente me ha jugado una mala pasada y que el bombardeo de películas navideñas y de anuncios de pistas de hielo montadas en las plazas y centros comerciales ha desempolvado aquel recuerdo.
Así que ahora tengo el gusanillo. Me apetecería muchísimo ir un día a aquella pista y patinar de nuevo. Alguien se apunta? Alguien quiere volver a ser niñ@ conmigo?

2006/12/22

Hoy no sé que deciros

Quería escribirt algo gracioso, algo divertido. Quería escribir una historia "con muerto". Quería explicaros mil cosas.
Pero hoy no hay suerte, hoy no me inspiro. Sólo se me ocurren quejas y melancolías. Os contaría un chiste pero no soy graciosa (los destrozo). Así que nada, a ver si hay suerte y se me ocurre algo en otro momento y lo publico.
Espero inspirarme y contaros la historia de Il Divo, el auténtico, el lampista. O la exposición de carteles de Tàpies, o la sencillez llevada al extremo en las cenas de empresa. Pero no será hoy. Hoy toca dosis de chocolate y peli romanticona.
Os dejo una canción de Tiziano Ferro
Perdona
Perdona
Si te he hecho lo que te he hecho te diré sólo
Excusa Dibuja una sonrisa y te regalo una
Rosa Verás que mi amistad entra en el alma y te
Toca Porque sé como soy yo te lo pido
Perdona
Si te he hecho lo que te he hecho te diré sólo
Excusa
Dibuja una sonrisa y te regalo una rosa
Verás que mi amistad entra en el alma y te
Toca
Perdona
Con la alegría que me encoge el alma
A cuatro, cinco días de Navidad
Un punto entre el encanto, los temores
Me pienso que es lo que he hecho
No me llores
Con las personas que no han sido tantas
Buenos pretextos pero siempre pocos
Entre deseos, labirintos, fuego
Comienzo nuevo año yo pidiéndote
Perdona...
Digo que contigo estoy bien es poco
Digo que contigo estoy mal de locos
Un punto entre la tregua, las revoluciones
Donde están las buenas ocasiones
Sabes que en éstas Navidades
Te lo recuerdo somos especiales
Entre contradicciones y defectos
Te quiero es mi momento
Perdona...
Que el invierno no tiene miedo
Y es que yo sin tí no soy yo
Que perderte no es ningún juego
Y es que yo sin tí que sé yo
Y la noche bailando sola
Porque sin tí no bailo, no
Que la luna brilla en el cielo
Que yo solo no hago nada, amor
Perdona...

2006/12/18

Carta a los Reyes Magos

Queridos Reyes Magos,
Hace bastantes años que no os escribo. Desde la última vez que os escribí mi familia se ha encargado de que tenga regalos cada Navidad. La verdad es que no me puedo quejar ya que se han más que comportado. Este año, pero, me han dicho que lo que pongo en la lista lo he de pedir a los Reyes porque ellos no pueden hacer nada.
Dado que llevo tiempo sin molestaros , que me he portado todo lo bien que he podido, y que no veo otra manera de conseguir lo que pido ni por mis medios ni con ayuda externa, os paso la lista de lo que me gustaría encontrarme junto a los zapatos este año:
  • Tener a mis sobrinos estas fiestas y siempre que quiera.
  • Un contrato para trabajar en una empresa digna, con gente competente, para un puesto interesante y bien remunerado.
  • Una pareja de baile.
  • Poder conciliar el sueño cada día antes de las dos de la mañana.
  • Inspiración para escribir una novela que sea un best seller.
  • Un tío estupendo que me adore y me de un abrazo salvador y fulmine "al malo".
  • Un pellizco en la loteria de Navidad.
  • Un nivel de inglés increíble de la noche a la mañana.
  • Un piso chollo que pueda pagar.
  • La dimisión de Bush y sus amigotes.
  • El fin de los conflictos armados, especialmente en Palestina.
  • El descubrimiento del medicamento milagroso que cure el cáncer.
  • El descubrimiento de una fuente de enrgía sostenible, que se comercialice.
Por último, sólo comentar que me conformaré con que me concedais una de las peticiones, una de las trece (espero que no seais supersticiosos).
Prometo dejar en el balcón pan y agua para los camellos y dulces y licores para vosotros. Cualquier "extra" que precisárais, no dudéis en hacermelo llegar a.s.a.p. para que pueda reconducirlo/gestionarlo y lo tengais el mismo día seis a primerísima hora.

Muchísimas gracias

No muy navideño

Desde que soy adulta la Navidad ya no es lo mismo. Estos días, con las luces y el espíritu navideño por todas partes, los sentimientos están a flor de piel. La alegría y la tristeza se acentúan y los recuerdos, buenos y malos vuelven como el fantasma de las navidades pasadas de Mr. Scrooge. Hay años en los que las cosas han ido mejor y otras en que se han complicado especialmente en estas fechas. Este año, es de los segundos: Un futuro profesional incierto en el que la motivación se ha esfumado, problemas familiares que separan, que dejan el amargo sabor de la pérdida,...
Si durante el año se hace difícil hacerse la fuerte y tirar para adelante, con tanto villancico, Papá Noel y anuncio de cava aún se hace más complicado. Lo cierto es que es agotador tener que ser siempre fuerte. Hay días en que apetece poder aparcar la armadura y la espada y dejar que la “doncella” se permita el lujo de ser débil y desvalida. Pero eso tampoco es fácil. De hecho, eso es peligroso. Una vez bajada la guardia puede costar demasiado volverla a subir.
Así que ante posibles bajones, lo mejor es paliarlos. Cómo? Tal vez una tarde de compras, una buena dosis de chocolate, una película romanticona...
Hoy ha tocado una de esas sesiones “anti-melancolía”: tarde entre tiendas, un poco de Sacher para merendar y “Baila conmigo” para acabar el día. Sí, sé que quizás no es la mejor manera de afrontar los problemas pero, a veces sienta tan marcarse unos pasos en Chayanne...
Y mientras escribo estas palabras ya es otro día, ya es mañana, ya vuelve tocar ser fuerte y plantarle cara al día, al trabajo, a la gente y a la vida.

2006/12/13

Sofo y colega navideño


Jou, jou, jou!!!
Sofo y su colega os desean Feliz Navidad a todos los bloggers y a Ovejita.

2006/12/11

Mi mascota: Sofo


Esta es mi mascota: Sofo. Me gustaría que fuera real, pero no lo es. No puedo permitírmelo. Eso sí, siempre que lo acaricio mueve la cabecita. ´Y no lo tengo que sacar a pasear. Aunque no me importaría dar un paseíto por Collserola con un guau.

Supuestamente difícil

El otro día un amigo me dijo que era una mujer difícil.
Tras quedarme a cuadros por un rato porque era la primera vez que me lo decían a la “face”, aunque en varias ocasiones me temo que lo han pensado y no se han atrevido a decirmelo, estuvimos hablando del tema.
Qué decir tiene que yo no me considero “difícil”, menos aún en aspecto al que se refería mi amigo. Aún así como buena Libra que duda hasta de su sombra he querido asegurarme de que estoy en lo cierto y no soy difícil. Según la RAE:

difícil: (Del lat. difficĭlis).
1. adj. Que no se logra, ejecuta o entiende sin mucho trabajo.
2. adj. Dicho de una persona: Descontentadiza o poco tratable.
3. adj.
extraño (raro). Tiene una cara muy difícil.

La verdad es que ninguna de las tres definiciones me pareció que se ajustara a una servidora, ya que no creo ser tan compleja ni ser “descontentiza” aunque sólo sea por lo mal que suena. Y lo de cara difícil, hombre, no soy la Belucci pero tampoco hay que pasarse.

También busqué lo contrario de difícil, vaya, sus antónimos, por si me identificaba con la palabra por negación de las mismas. Lo contrario de difícil es:
posible, fácil, sencillo, cómodo, accesible
Haciendo resumen de lo aplicable a una persona:

posible: (Del lat. possibĭlis).
1. adj. Que puede ser o suceder.
no ser ~ algo.
2. fr. Ser muy grande la dificultad de ejecutarlo, o de conceder lo que se pide.

fácil: (Del lat. facĭlis).
1. adj. Dócil, manejable.
2. adj. Dicho de una mujer: Frágil, liviana.

sencillo, lla: (Del lat. *singellus, por singulus).
1. adj. Que carece de ostentación y adornos.
2. adj. Que no ofrece dificultad.
3. adj. Dicho de una persona: Natural, espontánea, que obra con llaneza.
4. adj. Incauto, fácil de engañar.
5. adj. Ingenuo en el trato, sin doblez ni engaño, y que dice lo que siente.

cómodo, da: (Del lat. commŏdus).
1. adj. Conveniente, oportuno, acomodado, fácil, proporcionado.

accesible: (Del lat. accesibĭlis).
1. adj. De fácil acceso o trato.
2. adj. De fácil comprensión, inteligible.

Respecto a la negación de antónimos, creo ser más “posible” y más frágil de lo que me gustaría reconocer, aunque es cierto que, manejable, lo que se dice, manejable, no soy (bueno, ahora me dejo llevar bailando, eso vale?). Respecto a la sencillez, bueno, habrá quien diga lo de antes muerta que sesnsilla pero creo qte tampoco puedo negar dicho adjetivo. Cómodo implica fácil al igual que accesible.

Conclusión:
Así pues, si no me identifico con la definición de difícil y de los cinco antónimos tampoco puedo negar ninguno, debería aceptar ser calificada de difícil?

2006/12/08

Una lágrima por Picasso

El otro día paseaba por Madrid. Habían pasado muchos años, casi una década, desde la última visita a la ciudad y las cosas, la vida, habían cambiado muchísimo: de los viajes en tren al puente aéreo, de la pensión al hotel de cuatro estrellas, de las juergas previas a una competición a los paseos solitarios tras una jornada de trabajo. Y aún así quise hacer algo que se pareciera a lo que me gustaba hacer entonces. Quise hacer el turista, pasearme por las calles adornadas con las luces de Navidad (la Castellana está preciosa) y ver alguna exposición. Resulto que el Reina Sofía cierra inusualmente tarde -a las 21 horas-. Nunca lo había visitado así que me pareció una buena opción antes de volver al hotel. He de reconocer que al principio me decepcionó un poco, tal vez porque empecé la exposición en sentido inverso para escaparme de un grupo que entró justo antes que yo. Me paseé por pasillos amplísimos, prácticamente sola, parándome ante un Barceló o un Dalí o contemplando alguna de las esculturas de Grgallo o Chillida. Y sin darme cuentra me encontré en una sala amplia y allí estaba el Guernika. No me lo esperaba y fue zas! una sacudida. Se me puso la piel de gallina, abrí la boca y los ojos como platos. Me volvió a pasar, como frente a los Burgueses de Calais, La escuela de Atenas, el David o la Saint Chapelle, se me volvió a escapar una lágrima. Nada tenía que ver aquel cuadro inmenso con lo estudiado de él en COU. Esa sensación no se puede describir en el comentario de una obra. Eso sólo se puede sentir frente a la obra de un genio. No sé cuanto rato pasé allí, plantada como una col mirando cada detalle y cada esquina. Recordaba con extraña exactitud las palabras de aquella magnífica profesora de arte del colegio y sólo podía mover la cabeza, asintiendo. Pero ahora esas palabras tenían muchísimo más sentido. Sin duda el arte es una de esas materias que se han de aprender "en campo" porque en una diapositiva esa sensación no existe. Recordé también un par de exposiciones temporales del museo Picasso por las que pasé este año. Veia aquellas series de cuadros de payasos y personajes circenses, recordé las esculturas y las fotos del pintor. Y pensé en una conversación mantenida con una amiga. Picasso siempre estaba rodeado de mujeres hermosas. Quién no caería a los pies de un hombre de mirada fiera capaz de transmitir y de crear de aquella manera? Aquel talento hacía que las mujeres se olvidaran de todo y aceptaran pertenecer a aquel "harén" con tal de compartir algunos momentos con él. Me planteé si me habría enamorado de Picasso. No tengo respuesta.

2006/11/26

Un paseo dominguero

Me encantan los paseos de domingo por mi ciudad, esa ciudad con la que tengo una relación de amor odio, de un ni contigo ni sin ti, como las relaciones , las buenas, las que me molan, las que apasionan. Esa ciudad es Barcelona.
Hoy me he dedicado uno de esos paseos por una de mis rutas preferidas.
He bajado por la calle Marina y luego he llegado al parque de la Ciudadela. Luego he dado una vuelta por el Born.
Normalmente cuando bajo hasta aquella zona me hacerco al mar para decirle hola desde la Barceloneta. Pero hoy me ha pasado algo curioso. l llegar a la estación de Francia he visto el edificio en el que trabajo desde hace pocos días y se me ha cortado el rollo. Definitivamente los paseos por la Barceloneta ya no van a ser lo mismo nunca más. Es lo bueno y lo malo de darle los buenos días al mar cada mañana desde mi puesto de trabajo.
Para superar el mal rollo he atajado por el carrer Ample y me he parado en el Papabouble (no me acuerdo como se escribe). Estaba abierto, sorpresa! Esa tienda en la que hacen caramelos artesanalmente , que te dejan probar los que están haciendo allí mismo, en tus narices, me encanta. Han caido tres bolsas. Me siento una niña de ocho años en aquella tienda mágica.
El mal rollo ha desaparecido y he subido por la calle Avinyó y por el centro hasta Paseo de Gracia bajo el calor de primavera aunque sea casi diciembre.

2006/11/22

Blue eyes

Era tarde y el ambiente estaba algo cargado en el local: demasiada gente, demasiado humo y poca ventilación hacían del garito de Yulen el lugar perfecto para perderse en sombras. Allí estaba, en una esquina de la barra, con un codo apoyado en la tabla y un vodka con naranja en la mano. Vio un taburete vacío y se sentó. Contemplaba la pista mientras sonaba la música. Pero no veía nada, no pensaba nada, tenía la mente en blanco. Las notas se deslizaban sin que les prestara atención cuando alguien cruzó el local hacia allí. Se miraron, se reconocieron, bajó la vista al suelo y sus ojos chocaron con sus zapatos. Volvió a erguir la cabeza y allí estaba. Tenía los ojos azules, pequeños, fríos y los rasgos perfectos, el pelo bien cortado, castaño, corto. Mantuvo la mirada unos segundos que parecieron años o quizás siglos. Empezaron una conversación frívola, absurda, un puro trámite sin nombres. Rieron. Los ojos azules fueron enmarcados por pequeñas arruguitas y la boca fina dejó entrever unos dientes perfectos, blancos. Bajó la mirada de nuevo. Esta vez se detuvo en sus tejanos gastados y su jersey azul algo ajustado. Notaba los nervios en el estómago o quizás fuera la excitación que iba, poco a poco, nublando su entendimiento. De nuevo se produjo un cruce de miradas y siguió la conversación fluida. No podía dejar de perderse en aquellos ojos que expresaban todo aquello que afirmaban las palabras. Y de nuevo llegaron las risas y las sonrisas, estas últimas aderezadas con algún que otro arqueo de una ceja y un ligero movimiento de cabeza hacia un lado y hacia delante, sin perder el contacto visual. Pasó una hora o tal vez tres entre vodka y humo. Esperaba un acercamiento que no podía tardar o incluso un “vámonos” en cualquier momento. Pero pasaban los minutos y más horas y Yulen cerró el garito.
Se despidieron en la puerta sin remoloneos, con un adiós de colegas y echaron a andar en direcciones opuestas. Se giró y sus ojos se encontraron con aquellos azules seguidos de la sonrisa ladeada y la ceja en arco. Lo siguiente fue un paseo casi mudo hasta el parque, unos besos furtivos, agresivos, casi mordiscos, los respectivos pantalones deslizándose hasta los tobillos y las manos nerviosas amasando los cuerpos. Y lo que empezó siendo sexo salvaje pasó a agresividad descontrolada hasta llegar a paliza mientras los ojos fríos y la sonrisa se transformaban en mirada fiera y la ceja enarcada, seductora, dejaba paso a en un rictus maléfico, mientras notaba las patadas en sus costillas y los golpes de las piedras.
Lo último que vio, mientras yacía inmóvil entre los arbustos con los pantalones bajados hasta los tobillos y la ropa interior desgarrada, fueron aquellos ojos pequeños y fríos mientras sentía un beso en su boca magullada de mandíbula rota.

2006/11/20

Odisea para ir al servicio

Hace pocos días que nos han cambiado de oficina. Hemos pasado de trabajar en un edificio tan hecho polvo que una de las ventanas estaba enganchada con cinta adhesiva a un súper edificio inteligente, por no decir listillo. Del calefactor y el abrigo al climatizador superdotado por zonas. De no tener covertura ni luz ni nada a las vistas al mar. Puro lujo, vaya. Aunque todo tiene sus pros y contras. De entrar más o menos puntual (en mi caso menos, mucho menos) a pasearnos con la tarjetita al cuello para pasarla cada vez que accedemos a cualquier espacio distinto. Según decía en el manual del traslado o wellcome pack , de esta forma se sabe quién está en cada planta o zona en cada momento y en caso de emergencia es más fácil evacuar el edificio. También se podría hacer la lectura que, así también se sabe cuanto rato está todo el mundo fuera de su sitio ya que esta información actualiza el sistema de control de presencia por el que media hora fuera de las zonas de trabajo habitual puede ser necesario justificarla. Uno de los espacios “distintos” es la zona de ascensores y los servicios que están justo al lado. Así pues, la súper tarjeta informa a ese sistema, que parece el Gran Hermano, del tiempo que se está en pasar de una planta a otra y, también el rato que está uno en el servicio. El otro día se me ocurrió ir al servicio y la luz, inteligente como el edificio, no se encendía. Al parecer no me detectaba (me acordé de cierto anuncio de aires acondicionados inteligentes). Después de hacer el idiota entrando y saliendo una y otra vez a ver si el sensor se enteraba, decidí bajar a otra planta para ir al servicio. La situación absurda se repitió. Me dio una crisis de identidad (no soy nadie doctor, no soy nadie) Decidí que era el momento de intentar colarme en el servicio de caballeros, al estilo discoteca cuando hay cola en el servicio de chicas. En la puerta, pero, me encontré a un compañero de departamento que estaba haciendo la misma performance que yo antes, ahora entro , ahora salgo para ver si se encendía la luz y nada. Bajamos otra planta a ver si había más suerte. Esta vez sí, las luces de los servicios detectaban nuestra presencia. Con todo miré el reloj, llevábamos casi 20 minutos fuera de nuestra planta. Nos dispusimos a coger el ascensor. Tardaba. Pasaron algunos minutos más. Nos miramos y decidimos subir por las escaleras a la carrera para llegar antes que se cumpliera la media hora permitida.
Así pues, media hora después llegaba a mi sitio, acalorada. Me senté en la silla ergonómica. Tenía un calor horrible.
Cinco minutos después me levantaba de la silla con dolor de espalda. Salí por la puerta y me dispuse a ir a la planta de arriba, una de las pocas en las que hay máquina de agua.
La moraleja os la dejo a vosotros bloggers.

Recupero mi novela

Hacía más de un año que ni siquiera tocaba mi proyecto de novela. Se quedó congelada en el momento en que decidí cambiar de tiempo la historia de presente a pasado. Fue tocarla y plaf! Se quedó ahí, atascada, la novela o yo. Sé que no va a ser un best seller, que probablemente no se publique pero me gusta mucho esa historia y me daba especial rabia saber que estaba ahí, en el disco duro del PC acumulando polvo. Y aunque no estoy en una época especialmente productiva, ni creativa ni nada me he decidido a retomarla. No he escrito mucho, la verdad es que sólo he sacado mis papeles con la estructura más o menos clara que tenía de la trama y las fichas más o menos incompletas de los personajes. También he repasado esas pocas páginas escritas. Pero bueno, es un comienzo. Espero vencer la pereza que me da completar las fichas de personajes, rematar la trama y documentarme y, al fin, poderle dar vida a esta historia que tanto tiempo lleva en mi cabeza.
Y cómo es que la retomo ahora precisamente? Pues porque después de hablar con una amiga me di cuenta que, por muy estancada que esté en mi vida, por muy cansada de todo que esté o precisamente por ello, tengo que empezar a liberarme aunque sea con nuevos proyectos como este, quiméricos, pero que den rienda suelta a esa imaginación que cada día intenta matar la rutina. Al menos debo avanzar en aquello que realmente me gusta.
Como sé que este post lo leerá esa amiga, le doy las gracias, por los ánimos, por la inspiración.

Desempolvando fantasmas

Cada vez que ordeno el armario o los cajones o lo que sea me encuentro con algún que otro recuerdo del pasado. A veces son graciosos, como una bolsa llena de hombreras ochenteras, o los primeros apuntes tomados el primer día de trabajo en los que ponía especial interés y apuntaba cosas que ahora tengo tan por la mano que al leerlo me da la risa. Otras, los recuerdos son agridulces y, en algunas ocasiones, incluso, tristes: una fotografía con alguien que ya no está, una carta, un libro...
El fin de semana pasado, al hacer el cambio de armario me encontré con uno de esos recuerdos agridulces. Era un libro que no recordaba que tenía. Un libro de cocina, de recetas de todo tipo, sencillas y más elaboradas. Me pareció que, dado mis escasos conocimientos de cocina me podía ser infinitamente más útil en un estante más a mano que no en un altillo casi inaccesible. Así que lo deje sobre una silla y seguí ordenando el armario.
Al acabar, horas después, me fui a la cocina y me llené un vaso de cola light para recuperar fuerzas. Me dispuse a ojear el libro de cocina. Descubrí que había algunas páginas marcadas con un trozo de papel: cóctel de espárragos y pavo con calabacín. No recordaba haber hecho nunca aquellos platos. Tampoco recordaba haberlos comido. Seguí ojeando el libro y cada vez me convencía más que su sitio estaba en la estantería, bien a mano. Estaba a punto de cerrarlo cuando vi que en la primera página había una dedicatoria. No la recordaba así que la leí. Lo escribía quien me había regalado el libro: mi ex. Ese era el motivo por el que el libro y sus recetas estaban en un altillo y no en una estantería. Eran palabras que recordaba felices en aquel momento y paradójicamente amargas ahora, años después. Eran promesas y deseos extinguidos que me golpearon a traición desde un pasado demasiado lejano.
Cerré el libro y lo coloqué junto a otro de Ferran Adrià. Busqué un CD y lo puse. Empezó a sonar Lady in red, mientras me acababa mi vaso de cola light sentada en el sofá con los fantasmas del pasado volando entre nota y nota acabaditos de desempolvar.

2006/11/15

Uno de lecciones magistrales

El otro día, en una de esas conversaciones absurdas alguien me acabó diciendo la mítica frase: “és que t’has de fixar en un noi com cal”. La conversación, como digo bastante estúpida, no recuerdo ni cómo, acabó siendo una confesión del tipo de hombre o mujer que nos gustaba a cada uno. Los había de perfectamente definidos en un tipo o “prototipo” y otros que no éramos tan homogéneos. En un intento (tan estúpido como la conversación) de “unificar” mis preferencias (queeee, siiii, que ya dije que la cosa tendía a la estupidez absoluta) se llegó a la conclusión por mayoría que me gustaban demasiado freakies, y es ahí cuando alguien, me soltó la frase de más arriba. No valía la pena replicar. Sólo le dije un “como tú, no?”. Me respondió un sí rotundo seguido de una perorata sobre cómo ha de ir vestido, qué debía haber estudiado, de qué ha de trabajar, dónde ha de vivir, cómo ha de ser su familia, qué aficiones ha de tener, qué ha de votar, qué ha de pensar alguien “com cal”. Volví a abstenerme de replicar y sonreí.
Aquella combinación propuesta, más que atraerme me repelía. Es cierto que algunos de los elementos coincidirían en personas por las que alguna vez sentí atracción pero siempre combinado con otros aspectos que hacían volar por los aires el “com cal” dichoso. ingeniería y parapente, barrio acomodado y filosofía, trabajo de responsabilidad y familia desestructurada, jerseycito azul y ermitaño, etc, etc.
Curioso que en la definición no entrara el qué sentir, el qué ser, el qué hace única a esa persona.
Me pregunté si yo misma era una chica “com cal” dentro de esa definición. Me alegré de no serlo por no cumplir la mayoría de las premisas (bueno, lo del sueldazo no me habría importado cumplirlo).
De nuevo sonrisa ladeada. No dejaba de ser sorprendente que me intentara aleccionar alguien a quien nunca se le conoció pareja.

Dualidad

Este fin de semana me ha tocado hacer una de mis tareas favoritas: hacer el cambio de armario de temporada, esto es, guardar la ropa de verano y poner a mano la de invierno. A parte de obligarme a subir a una escalera más veces de las que el mi vértigo tolera, esta labor estacional me obliga a ordenar, otra de mis actividades favoritas, y decidir si debo desprenderme de alguna prenda. Dado que la toma de decisiones requiere todo un análisis (no por nada soy Libra hasta la médula) lo que debiera ser una tarea doméstica más se transforma en el peor de los trabajos.
En una de esas inseguras subidas a la escalera cargada de cajas de zapatos, se precipitaron al suelo un par de ellas. Los dos pares que contenían se desparramaron por el suelo. Entre tanto agobio y el estruendo producido no pude más que ponerme a reír. Junto a un par de botas de montaña se encontraba una sandalia de pedrería mientras su par sobresalía de una de las cajas caídas. Me acordé de algo que leí sobre las mujeres libra que me hizo mucha gracia en su momento. Venía a decir que las libra podían pasar de un traje de noche a las botas de montaña sin despeinarse. En aquél momento me hizo gracia porque no me veía así, aunque no creo que haga falta que os lo diga ya que, quienes me conocéis sabéis perfectamente que tengo tanto de scout como de cantante de ópera, por poner un ejemplo. Pero mientras bajaba de la escalera aún riendo vi que las botas aún tenían un poco de barro rojizo de este verano en la suela. Era tierra birmana que se resistía a abandonar mis botas, restos de aquella tormenta que de golpe nos obligó a andar por el barro bajo impermeables y que nos caló igualmente hasta los huesos. Y al poner de nuevo en la caja la sandalia recordé una noche de ese mismo verano, de ese mismo viaje, en esas mismas latitudes, una cena en el Strand Hotel calzando esas sandalias mientras un músico tocaba la guitarra y la langosta termidor esperaba en el plato. Al final aquel libro de signos zodiacales iba a tener algo de razón y yo sin saberlo. Luego pensé en cómo de injusto era que en un mismo lugar convivieran la humildad que roza la pobreza peligrosamente y el lujo extremo y cómo yo misma podía tener la poca decencia de ver una parte y aceptar la otra. Aunque tal vez no la acepté tan “alegremente” puesto que aún hoy la tengo más que presente. Eso también es una característica de Libra. Alguien que conozco me dijo hace un par de días algo que sentí en carne propia este verano: “pasarlo mal me recuerda cuando vuelvo a mi día a día lo bien que estoy”. Aquella frase definió perfectamente lo que sentí cada día durante ese viaje.
Creo que el cambio de dirección de este post es un ejemplo más esa dualidad.

2006/11/10

Un regalito para el fin de semana

Tras una semana desastrosa, post-vacaciones y de pleno traslado (algún día tengo que escribir sobre el famoso "proyecto traslado") hoy sólo dejo dos canciones, la primera, que cantaba Nina Simone (aunque hay mil versiones, una de ellas de por George Michael)y la segunda Van Morrison. Ésta última aparece en más de una banda sonora de esas romanticonas, que acaban bien y que, son mentira, ideales para domingo tarde: Siempre a tu lado (Someone like you).

My Baby Just Cares for Me
My baby don't care for shows
My baby don't care for clothes
My baby just cares for me
My baby don't care for cars and races
My baby don't care for high-tone places
Liz Taylor is not his style
And even Lana Turner's smile
Is somethin' he can't see
My baby don't care who knows
My baby just cares for me
Baby, my baby don't care for shows
And he don't even care for clothes
He cares for me
My baby don't care
For cars and races
My baby don't care for
He don't care for high-tone places
Liz Taylor is not his style
And even Liberace's smile
Is something he can't see
Is something he can't see
I wonder what's wrong with baby
My baby just cares for
My baby just cares for
My baby just cares for me
Original lyrics
My baby don't care for shows
My baby don't care for clothes
My baby just cares for me
My baby don't care for cars and races
My baby don't care for high-tone places
Liz Taylor is not his style
And even Lana Turner's smile
is somethin' he can't see
My baby don't care who knows it
My baby just cares for me
My baby don't care for shows
And he don't even care for clothes
My baby just cares for me
My baby don't care for cars and races
My baby don't care for
he don't care for high-tone places
I wonder what's wrong with baby
My baby just cares for
Just says his prayers for
My baby just cares for me
Someone like you
Ive been searching a long time
For someone exactly like you
Ive been travelling all around the world
Waiting for you to come through.
Someone like you makes it
All worth while
Someone like you keeps
Me satisfied. someone exactly
Like you.
Ive been travellin a hard road
Lookin for someone exactly like you
Ive been carryin my heavy load
Waiting for the light to come
Shining through.
Someone like you makes it
All worth while
Someone like you keeps
Me satisfied. someone exactly
Like you.
Ive been doin some soul searching
To find out where youre at
Ive been up and down the highway
In all kinds of foreign lands
Someone like you... etc.
Ive been all around the world
Marching to the beat of a different
Drum.
But just lately I have
Realised
The best is yet to come.
Someone like you... etc.
Buen fin de semana bloggers.

2006/11/08

Me gustaría contar una historia, tener una historia y compartirla. Me gustaría poder explicar cómo, cuándo y por qué, quién...
Y sin embargo no puedo, no tengo qué contar. Al menos nada bueno. Y lo malo, para qué contarlo?
Será por eso que últimamente no escribo casi nada. Será por eso que interrogo a los que tienen una buena noticia que contar. Al menos parece que deja de llover, aunque sea para los otros.
Me siento en otro plano. No sé si es bueno o malo. Estoy como aletargada. Necesito un cambio pero no sé cuál. Me da pereza cambiar porque, cambiar hacia dónde?
Estoy debajo de esas nubes que no me dejan ver el sol. A ver si las puñeteras nubes se largan de una vez de encima de mi cabeza, al menos que se vaya una y vea un rayito de sol salvador.

2006/11/07

In fraganti a carbón



Cada día estoy más perro. Me da una pereza atroz escribir. Me cuesta expresarme. Se me ocurren cosas pero tendría que ir registrando lo que pienso, anotarlo aunque fuera y luego ponerme a escribir pero no lo hago.
A cambio cuelgo alguna foto como estas, "pillada" haciendo el vago, por supuesto.

2006/10/25

El día de...

Se oyó un terrible estruendo, como un obús y tembló la tierra. Arturo se disponía a ir a trabajar a la central hidroeléctrica cuando sucedió. Los cristales de su ventana estallaron, las paredes sufrieron grietas y cayeron los cuadros y algunos muebles. Esa misma fuerza lo lanzó contra la pared norte de la casa y cayó al suelo inconsciente. Cuando despertó, aturdido, cubierto de cristales y polvo, en medio de un silencio tétrico, pensó que había llegado el fin del mundo. Qué podía ser el origen de aquello. La idea de un ataque terrorista se le hacía impensable pues qué interés podía tener cualquier grupo armado en un pequeño pueblo perdido en medio de la sierra. Tal vez hubiera sido un accidente aéreo, pensó, aunque la magnitud del estruendo parecía descartar esa hipótesis.
Apoyó las manos en el suelo pra incorporarse. Se clavó un cristal en la palma de la mano que empezó a sangrar. Ya depié, se dirigió a la ventana más cercana, la del comedor, para ver qué pasaba a fuera. No podía dar crédito a sus ojos. A escasos cien metros, justo detrás de la casa de sus vecinos, los Fonseca, las casas habían desaparecido bajo una especie de muro metálico inmenso del que no se veía fin. Salió a la calle. Desde fuera, la visión era inquietante. Frente a él se erigía aquel muro cuyo fin se perdía entre las nuves que se movían a gran velocidad, azotadas por un fuerte aire, proyectando sombras que se alternaban cn la luz cegadora del cielo de junio.
Miró a un lado y a otro. El muro se estendía metros y metros. No se veía a nadie. Llamó a la puerta de los Fonseca pero no hubo respuesta. Decidió aporrear la puerta y gritar. Nadie contestó. Miró por la ventana. En el interior divisó a Ginés tendido en el suelo, en una postura demasiado extraña como para estar vivo. No pudo contener la rabia, rompió la ventana, rastreó la casa al acecho de vida pero no encontró a nadie. Gritó. Salió a toda prisa y empezó a correr siguiendo el muro. Era como si hubieran construido en escasos segundos una muralla gigante alrededor de su pueblo. A su paso encontró a algún que otro vecino de los pocos que, como él vivían a las afueras del pueblo. Todos hacían lo mismo, deambulaban en busca de algún amigo, de algún superviviente en definitiva que hubiera superado aquello. El muro rodeaba el pueblo así como la central hidroeléctrica y parte de la carretera que lo unía con las otras poblaciones. Arturo tardó casi dos horas en rodear todo su perímetro. Parecía que tenía forma circular, como si fuera un gran proyectil. Al llegar de nuevo a su casa, seguido por algunos vecinos que, como sonámbulos, lo habían seguido, se subió al montículo de escombros en que se habían convertido las casas sobre las que se clavaba y tocó la superficie lisa de aquello. Era metálica, fría y maciza. Aquello no era un muro sino un inmenso cilindro metálico macizo que había sepultado a su pueblo, a sus amigos, a su mundo.
Y cayó al suelo. Se quedó allí tendido sobre los escombros viendo pasar las nuves azotadas por aquel viento uracanado que proyectaban sombras fantasmales sobre su rostro.
Despertó de su siesta con un sobresalto mientras por televisión daban el resumen de las notícias más destacadas de la jornada.
- La empresa eléctrica LCT ha adquirido cinco de las hidroeléctricas de HIDROLUZ situadas en la sierra entre las que destaca la más moderna de todas ellas, la de Valleaguas.
En la pantalla aparecía un mapa la región con cinco banderitas rojas ondeantes que marcaban cada una de las localizaciones de las hidroeléctricas. Una de ellas, la más grande sobre Valleaguas, su pueblo, que caía justo encima de su pueblo hasta llegar a la cerntral.

2006/10/10

Breve

- Lo perdí.
- Cómo?
- En silencio.
- Cuándo?
- No lo sé. Sólo se fue.
- Cómo?
- Como se van, cuando se van.
- Qué te dijo?
- Nada.
- Qué no te dijo?
- No lo sé. No dijo lo que debería haber dicho.
- Y qué hiciste?
- Qué podía hacer?
- Y qué no hiciste?
- Perseguirlo
- Te arrepientes?
- No. De nada hubiera servido.
- Y que harás?
- Extrañarlo, luego, cerrar heridas y olvidar.
- Seguro?
- Se intentará.
- Puedo ayudarte?
- Sí.
- Cómo?
- Dejando que olvide.